jueves, 17 de diciembre de 2015

Ruta 66. El Documental. Día 1.


Mary y yo al fin nos hemos lanzado a la piscina, llevábamos un tiempo meditándolo, que si sí que si no... y al final nos hemos dado la mano y nos hemos dejado caer, y aquí está el resultado; nuestro canal de Youtube, en el que iremos colgando todos nuestros viajes. 

Lo estrenamos la semana pasada, pero yo quería anunciarlo en el blog con la alfombra roja y al fin, he podido desenrollarla. Una vez terminado el diario del viaje de la Ruta 66 os presento nuestro documental, los que habéis seguido el diario, ya habréis podido leer, que la idea era realizar un vídeo y que estábamos siempre con la cámara tratando de capturar el viaje para poder mostrarlo después, pues bien, aquí está el primer capítulo de la aventura.

Me siento como si hubiese escrito un libro y estuviese a punto de estrenar una peli basada en él (salvando las distancias, por supuesto).

Cada semana subiremos un vídeo nuevo, así que os invitamos a que sigáis nuestra aventura a través de nuestro canal de Youtube.

Espero que os guste.

Mike.




viernes, 11 de diciembre de 2015

RUTA 66. DÍA 16: LOS ANGELES. FIN.

Hoy decimos saltarnos el desayuno del motel y nos vamos directos a "Ihop", un restaurante donde sirven, a mi juicio, unas de las mejores tortitas de Los Angeles. El local es famoso por aparecer en la película "Yo soy Sam", donde el protagonista era un incondicional de sus desayunos.


Tras esperar el cuarto de hora de rigor para poder entrar, una simpática camarera nos acomoda junto al ventanal. A nuestro lado, una familia de hispanos devora unos enormes sandwiches, mientras el hijo mayor trata a duras penas, de enseñarle a su madre el funcionamiento de su iPhone.


Pedimos un revuelto con salchichas, tortillas y café. La fila de la entrada continua creciendo. Nuestros estómagos hacen la ola, soy consciente de la dieta depurativa que van a sufrir en cuanto volvamos a casa, pero no es hora de "aguarles" la fiesta.

Me levanto como puedo de la silla y me acerco al mostrador para pagar. Hemos entrado aquí delgados y hambrientos y salimos prácticamente rodando. Antes de meternos de nuevo en el coche, un enorme avión planea muy bajo, tengo que mirar un par de veces para confirmar que no quiere aterrizar en medio de la avenida.








Le decimos al GPS que nos lleve directos a Santa Monica, concretamente a la "Promenade Street". En poco menos de media hora, nuestro coche descansa en un Parking público.


La Promenade es la principal calle comercial de Santa Monica. Una vía peatonal plagada de tiendas, restaurantes y artistas callejeros.

Me froto los ojos varias veces, no, no estoy soñando, hay un perro que es capaz de desplazarse en monopatín. Un diminuto chucho de cara simpática, empuja y mantiene el equilibrio a la perfección sobre la tabla. La gente mira atónita la escena dejando unos cuantos dólares en una lata de conservas. Los Angeles consigue sorprenderme de nuevo. Me hubiese quedado aquí todo el día viendo al perrito subir y bajar del monopatín, pero Mary todavía no ha conseguido sus chanclas, así que seguimos con la misión.




En uno de los bancos, mi mirada se cruza con unos ojos que me resultan familiares, se trata del joven Peter Pan; un muchacho que hace dos años ya estaba aquí, y aquí sigue, realizando formas imposibles con un puñado de globos de colores. Peter sigue igual, la vida le ha tratado bien, bueno, todos sabemos que Peter Pan es eternamente joven. Nosotros hemos envejecido dos años, con más barba, alguna arruga sin importancia, pero nuestro espíritu sigue igual de joven que el bueno de Peter.

Entramos en una tienda friki a curiosear. Allí me encuentro por sorpresa con una enorme figura de "Jax Teller"; el protagonista de Sons of Anarchy, y otra del mismo tamaño de Walter White; protagonista de Breaking Bad. Nuestras dos series favoritas del mundo mundial. Ambas figuras por menos de sesenta dólares. Hace unos meses vimos la de Walter White en un Fnac, no recuerdo exactamente en cual, pero rondaba los setenta euros, así que es una oportunidad única.

En una tienda deportiva, Mary al fin encuentra sus ansiadas chanclas Nike. Si, venir a la Promenade Street ha resultado ser bastante rentable.




Una estupenda versión del "Sweet child of mine" recorre la calle y me golpea de lleno en la cara. Me acerco a la multitud tratando de ver quien toca la batería de esa forma. Cuando mis ojos dan con la banda no doy crédito, imaginaba que sería un grupo de tres o cuatro melenudos o un par de hipsters,,, pero no, se trata de un padre con sus dos hijos. El padre canta y toca el bajo, el hermano mayor (que no pasará de los trece años) se hace con la guitarra y el más pequeño toca la batería con un desparpajo increíble, un mocoso de apenas siete u ocho años que hace unos redobles de tambor alucinantes. Sus ojos son ligeramente rasgados no sabría adivinar si son Hawaianos o Filipinos.

El desayuno del Ihop se ha desintegrado por completo de nuestro cuerpo, dando paso al monstruito "comecaca" que se ha instalado en nuestro estómago desde que pusimos el pie en suelo americano. Dudamos entre ir a comer un par de porciones de pizza u ofrecer una tregua a nuestro cuerpo y tomarnos una ensalada.... quince minutos después estamos en una mesa con vistas al paseo con una enorme y grasienta porción de pizza escurriéndose por nuestras manos.

La sociedad americana camina frente a nuestros ojos: Un mendigo rebusca en la papelera algún resto de comida con la que saciar el hambre. Dos chicas con cabellos dorados charlan animadamente con las manos llenas de bolsas, parecen las típicas chicas monas de serie de instituto americano, con un aire muy "Kelly" de la mítica "Sensación de vivir". Una familia de mexicanos caminan entre carcajadas devorando a la vez una hamburguesa, a la que paso a paso, se le van cayendo todos los ingredientes. El perro de la anciana que camina justo detrás de ellos se pone fino de lechuga, ketchup y trozos de carne.

Decidimos ir a tomarnos el postre a Venice. Mary quiere probar los famosos Funnel cakes; un típico postre americano muy popular en los Estados Unidos y que curiosamente, todavía no hemos probado (y mira que hemos comido caca).

Nos hacemos con un plato de Funnel cakes en Daddy and sons. Este restaurante es un filón, no solamente hacen la mejor pizza de América, también tienen una gran carta de postres.




Nos sentamos en una de las gradas de la cancha de basket. El postre está increíble, uno de los platos más exquisitos que he probado nunca. Estos americanos saben bien como hacerle la puñeta a las dietas sanas y equilibradas. ¿Por qué todo lo que está rico tiene millón y medio de calorías? Pregunta que me lleva a plantearme el futuro. Yo en España como bien, trato de hacer una dieta saludable, dejando a un lado todo este tipo de porquerías y limitando el consumo de comida basura a un par de veces al mes como mucho (a veces ni eso). Cuando veo a todos estos americanos de doscientos kilos caminar tan felices con las manos y las barrigas llenas de grasa, pienso en si no estaré enfocando bien mi vida. Como podéis comprobar, me estoy "americanizando" a pasos agigantados.

En la pista de basket, el equipo de los "negratas" con aspecto de pandilleros, da una magistral clase en el arte de encestar al grupo de chavales con aspecto de niños bien. En el último escalón de la grada y totalmente ajenos a los mates de la cancha, dos señores hiperconcentrados se baten en un duelo a vida o muerte en una partida de ajedrez.

Venice es uno de los barrios más pintorescos de Los Angeles. Nos perdemos entre sus rincones topándonos en cada esquina con el arte urbano que se respira por aquí, mucha calle, mucho grafiti y mucho aura de película. Venice me tiene robado el corazón completamente. Una de las paredes nos sorprende con un grafiti homenaje a Jay Adams; uno de los mejores skaters que ha dado California. Un tipo que aquí es toda una leyenda, alma mater de los chicos del Dogtown y persona a la que admiro profundamente.






El sol cada vez está más bajo, llega una de las mejores cosas de Los Angeles y de la vida; la puesta de sol de California. Uno de los mejores sitios para disfrutarlo es el skate Park y allí vamos.

El ambiente del skate es muy de película. El ruido de las tablas al chocar con el asfalto, el sonido del trayecto de las rudas, los "fuck" de los Skaters cuando el truco no les sale bien y los "Oh my god" del público que se deja caer por aquí cuando la acrobacia ha sido espectacular.

Una chica se inicia entre bajadas y algún que otro salto rodeada de patinadores más experimentados. Destacan dos por encima del resto, un chavalín de apenas trece años y un chico que tendrá más o menos nuestra edad. Son los dos patinadores que más llaman la atención del público y del fotógrafo de nuestra derecha, que en cuclillas trata de sacar la mejor instantánea con un objetivo gigante. Tiene aspecto de fotógrafo profesional.

El cielo es anaranjado, el sol se va y nos lanza un último hechizo mostrándonos a los skaters como siluetas, haciéndonos ver sus acrobacias en blanco y negro. Una imagen preciosa con el sol de California despidiéndose de nosotros de una forma nostálgica, como si intuyera que este, es nuestro último atardecer aquí.




Trato de llevarme el momento. De captarlo. De tatuarlo para siempre en mi retina. El sol escondiéndose tras las colinas de Los Angeles, las siluetas de los skaters dibujadas en un cielo naranja, las carcajadas de los chavales de detrás, las tablas de los surfistas saliendo de la arena, las sirenas de la policia retumbando en Venice dando la bienvenida a la noche... todo, me llevo todo. Espero verte pronto de nuevo atardecer de California, eres mi lugar favorito.







Volvemos al coche, nos queda un último hasta pronto (no me gusta despedirme). Todavía queda hueco en mi cuerpo para un poquito más de caca, un último abrazo a la comida basura, un último beso a una de las mejores burgers de Los Angeles, las del "In n out Burger"; una cadena de hamburgueserias californiana, donde por poco más de 3 $ puedes comerte uno de los mayores manjares de esta zona de la Costa del Pacífico. No son grandes, la carne no es especialmente buena, pero en conjunto es una gran burger.

Nos hacemos con un menú completo cada uno. Saboreo cada bocado como si fuese el último. El tipo mexicano de la mesa de al lado sigue nuestro mismo plan, puedo ver la felicidad escrita en su rostro.
Necesito un In n Out en Zaragoza.




La noche es totalmente cerrada. Volvemos al coche dando un breve paseo por la barriada. El típico vecindario americano de amplias calles con casita, jardín y canasta en la puerta del garaje.

Volvemos al Motel. En la habitación las maletas nos miran con cara de asombro, se ríen de nosotros, nos repiten una y otra vez que no vamos a poder meter todo en ellas. El unicornio de peluche de Mary se descojona también de nosotros desde la mesa.

- Oye Mary... ¿has pensado como va a volar ese bicho a casa?
- No es un bicho, es mi unicornio y va a volar conmigo.
- Tema zanjado.




A duras penas, sentándonos encima, conseguimos cerrar las maletas. Lo que queda fuera cabe en las mochilas.

Termina la aventura, la mejor de mi vida. Mas de cuatro mil kilómetros. Casi diecisiete días de viaje prácticamente de lado a lado de los Estados Unidos, nuestra cuarta vez aquí y espero que pronto haya una quinta (ya estamos planeando algo). Espero que no se os haya hecho largo y que os hayáis podido teletransportar con nosotros al otro lado del Atlántico.

Un placer saber que hay gente al otro lado leyendo mis "tonterías". Un abrazo grande, de corazón.

Mike.



miércoles, 2 de diciembre de 2015

RUTA 66. DÍA 15: LOS ANGELES.

Cuando abro los ojos Mary ya lleva un rato merodeando por la habitación. Bajo sus ojos un descomunal desorden de bolsas vacías, ropa amontonada en sillas y maletas a medio abrir. La jornada de ayer en los outlets hace mella en la habitación. Me levanto mirando de reojo el panorama y me escondo bajo el agua templada de la ducha.

Cuando vuelvo junto a la cama no puedo hacer otra cosa que exclamar: "Menudo chocho tenemos aquí montado". Mary rompe a reír.




Tras devorar un tazón de cereales con leche templada y un bagel untado de queso, pasamos por un starbucks cercano en busca de un par de cafés para llevar. Le decimos al GPS que nos lleve directos a Venice Beach.

Conseguimos aparcar en una de las avenidas cercanas al paseo. Nada más bajar del coche nos cruzamos con un tipo que hace running sin zapatillas, protegiendo sus pies únicamente con una especie de calcetín. En Venice quien no lleva una tabla de surf en la mano, lleva una tabla de skate bajo sus pies. La gente camina descalza en plena calle y la vida suelta todas sus preocupaciones cuando llegas aquí. Venice Beach es mi lugar favorito del planeta tierra. Adoro este sitio.

La tiendas y restaurantes del "Frontwalk" levantan sus persianas. El sol se despereza en un cielo totalmente despejado. Un grupo de mendigos recoge sus sacos de dormir y conversan entres sonrisas desdentadas ajenos al mundo. En el parking, los chicos de la escuela de Surf descargan sus tablas de sus Volkswagen setenteras.





A lo largo del paseo, nos encontramos prácticamente de todo. Un marciano rapeando que ofrece su maqueta a cambio de unos dólares, decenas de tipos pintorescos ofreciendo artesanía, mucha gente guapa y musculosa, chicas rubias paseando al perro a lomos de su skate, deportistas y también gente que merodea sin rumbo con botellas de alcohol envueltas en Papel. En Venice todo es posible. Lo que más me gusta de este sitio es que tiene un punto estrafalario muy muy urbano. Aquí nadie te mirará raro porque lleves puesto esto o lo otro, siempre vas a cruzarte con alguien más extravagante que tú. En el paseo matutino un tipo tatuado hasta las orejas, con dos enormes bultos saliendo de su frente y el pelo teñido de rojo se lleva el primer premio, muy disputado con el marciano rapero.

Apenas un par de kilómetros separan Venice Beach y Santa Mónica, decidimos alquilar una bici y un longboard y realizar el trayecto que bordea la playa. El tipo me da una tabla enorme y bastante pesada comparada con mi pequeño y ligero Longboard al que estoy acostumbrado, que por cierto compré aquí hace un par de años.

En estos momentos puede que sea el hombre más feliz de la tierra. El sol de California me acaricia la gorra y estoy recorriendo la costa del Pacífico sobre un Longboard acompañado de la mujer que me ha robado el corazón. !La vida es chula¡





A los diez minutos de trayecto decido cambiar la tabla por otra bici ya que es un Longboard muy muy pesado. Una bicicleta preciosa con el manillar alto que hace que me sienta como el Jax Teller de "Sons of Anarchy".  Nos cruzamos con un tipo que transporta un nevera con bebidas frías sobre un enorme monopatín. Las gaviotas gritan cruzando el cielo de lado a lado. El "Front walkl" se llena de gente.

Devolvemos las bicicletas y vamos por un par de enormes porciones de pizza a uno de mis restaurantes callejeros favoritos; Big daddy and son, justo en el paseo. Si tenéis el placer de venir por aquí, probad su pizza, es increíble.




Nos sentamos sobre la hierba a comer. El mundo sigue girando a nuestro alrededor. Mi mirada se detiene en una escena que me despierta mucha ternura. Un tipo con una larga barba embutido en un gorro de lana, enseña a su hijo a montar en su monopatín, el niño mantiene a duras penas el equilibrio, pero hay un momento en el que recorre más de veinte metros sin la ayuda de la mano de su padre. En ese justo momento, ese hombre ha tocado el cielo con su felicidad. En Venice Beach tu padre no te enseña a montar en bici, te enseña a ir en monopatín. Nací en el lado del océano equivocado, sin duda.




Volvemos al coche y ponemos rumbo al Noreste, concretamente a unas pocas millas tras las colinas del famoso letrero de Hollywood. Queremos ver el "Citywalk" que hay justo en la entrada a los Universal Estudios. Una zona comercial que no conocemos y que descubrimos a través de El canal de Luzu en Youtube. Vimos que había varias tiendas curiosas, una de ellas especializada en cosas manga, coleccionismo de figuras relacionadas con el cine y las series, y donde quizá encuentre dos cosas que hace mucho tiempo que busco y no encuentro en ningún lado: la famosa figura de la escotilla de la serie Perdidos y un Jax Teller versión POP que no está en ningún lado. Si, tengo un punto friki bastante álgido, soy consciente de ello.

En apenas cuarenta minutos llegamos a Universal. Hay un ambientado tremendo. La calle es un ir y venir de gente cargada de bolsas. Vamos directos a la tienda friki, donde no consigo lo que busco.
Un enorme jugador de Rugby escapa de una de las fachadas. Un poco más arriba, King kong preside la calle. Nos llama la atención una tienda, en la que única y exclusivamente, venden imanes para la nevera. En Estados Unidos son muy de hacer una tienda bestial y llenarla del mismo producto: la tienda de palomitas, la de las muñecas, la de los carteles antiguos, la de los imanes... y todas son rentables. En Universal mandan los Minions, ya que acaba de estrenarse la película. Mary al final cae rendida ante el encanto de un enorme unicornio de peluche. La niña que lleva dentro, me tiene totalmente entregado.




La tienda de la marca Billabong tiene un estanque con olas artificiales justo en la entrada. Me hago con un par de camisetas y charlo un rato con el dependiente; un aspirante a actor de Hollywood que va tirando con lo que gana en la tienda. Lleva medio año en la ciudad y ya ha protagonizado pequeños papeles, tiene un agente que le busca los castings y habla de Los Angeles con un brillo especial en los ojos. "Esta es la tierra de las oportunidades, si tienes un sueño, ven aquí y pon la semilla". Salgo de allí convencido de que ese chico triunfará, tiene mente de ganador, rebosa un optimismo contagioso.

Ya de vuelta, pasamos por The Grove, a ver si por casualidad conseguimos unas chanclas de esas que cubren los dedos, de la marca Nike. Se las vemos a mucha gente y la verdad, es que no quedan mal. Las llevan sobretodo los chicos de color y las visten con calcetines. Mary se ha empeñado, yo la verdad, no me veo por Zaragoza con chanclas y calcetines blancos. Aunque, todo es ponerse¡¡

Volvemos al Motel tras una parada en un Whole Foods, donde nos hemos hecho con un par de enormes ensaladas para llevar. Cenamos mientras al otro lado de la ventana comienzan a sonar las sirenas de ambulancia y policía.

Comienzo a digerir todo lo que estamos viviendo. Si, casi dos semanas después empiezo a ser consciente de que este, quizá sea el mejor viaje que haga en mi vida, y está llegando a su fin. Antes de dormirme pienso en la Costa Este, en el Norte de USA, en Canadá, y en mil lugares más que estoy deseando visitar ... y consigo que la nostalgia salga huyendo de mi almohada.

Mike.