jueves, 10 de septiembre de 2015

RUTA 66. DÍA 7: SPRINGFIELD (MISSOURI) - OKLAHOMA CITY.

Hoy si que tenemos el desayuno incluido en el Motel. Bajamos a una salita que hay justo al lado de la recepción y nos servimos unos Waffles con Sirope y un par de tazones con cereales. Un numeroso grupo de japoneses invaden la salita ante la atónita mirada de un camionero americano que observa la escena tras una enorme taza de café. En la televisión la chica del tiempo muestra un mapa lleno de nubes y lluvia y muestra unas imágenes de la zona de Kansas y Oklahoma donde han avistado tornados y se han producido inundaciones.




Cargamos el equipaje en el coche, llenamos la nevera de hielo y nos ponemos en Ruta.

La primera parada la hacemos en Paris Springs, en Gay Parita, una gasolinera que lleva en pie desde los años treinta y que estaba regentada por el recientemente fallecido Gary Turner, sin duda uno de los tipos más queridos, carismáticos y entrañables de toda la Ruta. Un tipo que nos dejó hace un par de meses y del que todo el mundo hablaba maravillas en cada guía y libro que hemos leído sobre el viaje. El gran ausente de nuestra aventura americana. Una pena no haber llegado a tiempo para saludarle y charlar un rato con él. Es muy famosa la frase que decía Gary: "Viajeros de todo el mundo dicen que el sueño de su vida ha sido recorrer la Ruta 66, el mío es conocer a toda esa gente".

La gasolinera está impecable, como si alguien hubiese estado cuidando de ella durante la ausencia de Gary. Sobre la valla hay infinidad de regalos y menciones que los viajeros han ido dejando a su paso por Gay Parita: camisetas, fotos, gorras, matrículas, banderas... todo ello acompañado de cariñosas palabras a la figura del bueno de Gary, donde la gente terminaba su dedicatoria con la frase que él siempre ponía cuando te escribía: "Friends for life".




Nada más pasar Carthage, paramos en un auto cine como el de las películas. El cielo se está oscureciendo de forma alarmante. Venimos desde Springfield donde el cielo es azul clarito y nos dirigimos a Oklahoma donde el panorama es muy parecido al que tenía Frodo cuando iba camino de Mordor. La paranoia de Mary con los Tornados vuelve a activarse y comienza a sonar en su cabeza la señal de alarma. Nos acercamos al punto conflictivo del viaje, todos los pronósticos meteorológicos que hemos consultado se han puesto de acuerdo y el diagnóstico es claro, hay Tornados y riesgo de fuertes lluvias. Mary solo tiene una palabra ahora en mismo en su cabeza: Cumulonimbos.




Tan solo una decena de kilómetros después, estalla la gran tormenta. Solo vemos lluvia alrededor. Los parabrisas en su máxima velocidad no son capaces de retirar todo el agua de la luna delantera. No se ve la carretera, está escondida tras una cascada que nos tapa los ojos. Tenemos que parar cuanto antes si no queremos darnos un susto. Los coches provocan auténticas olas con sus ruedas cuando rozan los bordillos. Los desagües de las fachadas escupen agua como si fueran mangueras. Tras diez eternos minutos circulando con las luces de emergencia en medio de una monumental tormenta y rodeados de agua por todas partes, al fin vemos un cobijo. Se trata de la cadena de comida rápida "Sonic".

Nos ponemos debajo del tejadillo del parking y ya que estamos le echamos un ojo al menú. No es todavía la hora de comer, pero pulsamos el botoncito del enorme cartel y una dulce voz nos pregunta desde no sé muy bien donde, que qué va a ser. Pedimos un par de refrescos, una ración de queso rebozado y un par de cajitas de tiras de pollo frito. Metemos nuestra tarjeta de crédito en la pantalla y en menos de cinco minutos, aparece en nuestra ventanilla del coche una simpatiquísima camarera con nuestra bolsa de comida. Vuelve corriendo al edificio. El Sonic y su servicio ultra rápido y a domicilio nos deja alucinados.

La lluvia amaina, nos ponemos de nuevo en Ruta. Llevamos pollo frito, queso rebozado, Pink Lemonade y ha parado de llover. La vida vuelve a ser maravillosa.




Dejamos atrás Missouri y llegamos a Kansas, tercer Estado del viaje. Unicamente estaremos aquí durante las escasas 13 millas que la 66 recorre por este Estado. Trece millas de truenos y relámpagos mientras la vieja carretera se abre paso entre un verde paisaje.

Llegamos a Oklahoma. Cuarto Estado del viaje y tercero de la jornada de hoy. Aquí comienza realmente la parte conflictiva del viaje. Estamos en alerta de Tornados y de fuertes tormentas, así que tendremos que estar atentos a las formas de las nubes, a la velocidad del viento y a la lluvia.






Oklahoma siempre ha sido un lugar conflictivo en cada documental que hemos visto mientras recopilábamos información para realizar la Ruta. Vimos varios programas: Callejeros viajeros, alguno del canal viajar, de Internet.... y todos tenían algo en común; en Oklahoma las inclemencias meteorológicas eran extremas, si no te pillaba un tornado te pillaba una monumental tormenta.

De momento no hay ni rastro de cumulonimbus y parece que el sol ha decidido salir de entre toda esa marabunta de nubes grises, es nuestro día de suerte.

Paramos a comer en Miami, concretamente en "Waylan´s Ku Ku Burger". El local está lleno. Hacemos cola en la fila. Justo delante de nosotros un motero de unos setenta años hace su pedido. Lleva un pañuelo que le cubre las orejas y se apoya sobre un bastón cuya empuñadura es una cabeza de serpiente, en la espalda el símbolo de su club de moteros bordado en el chaleco.Un tipo de película.




Pedimos un par de hamburguesas y nos sentamos en una mesa que hemos visto libre al fondo. Dos chicas muy jovencitas cuchichean entre ellas sin  quitarnos el ojo de encima. La Señora de la mesa de enfrente se levanta y se acerca a nuestra mesa a regalarle a Mary un cadillac hecho de cartón. La camarera además nos da un par de llaveros de recuerdo.

Tras devorar nuestras cheese burgers, abandonamos el restaurante rumbo al famoso tramo de los nueve pies.





Lo encontramos a una pocas millas de Miami. Un tramo de carretera de nueve pies de ancho donde no se escucha un alma salvo el susurro del viento. El calor nos coge del cuello y comienza a apretar. Aprovechando la gran tranquilidad del lugar y el nulo tránsito de vehículos aprovechamos para colocar el trípode y hacernos unas fotos los dos juntos. Una ráfaga de viento arroja nuestro trípode y la cámara se estrella contra el suelo, el objetivo sale disparado hecho añicos. A la mierda la cámara¡¡
A partir de ahora solo podremos usar el objetivo de 35 mm que no tiene zoom. Un objetivo en el que para fotografiar algo tienes que alejarte un par de millas si quieres sacar todo lo que tu ojo ve en la foto. Me siento en el asfalto y respiro muy hondo tres o cuatro veces tratando que mi cabreo se largue de mí lo antes posible, ya no hay remedio. Tres buitres vuelan en círculos cada vez más bajo. Echo a mi mosqueo de nuestro viaje y nos subimos rápidamente al coche, no quiero ser devorado por tres buitres hambrientos, ya lo que faltaba¡¡





Con un objetivo menos y con más de noventa grados en el termómetro del coche seguimos "on road". El cielo está totalmente despejado con nubes completamente blancas. Preciosas casas quedan atrás en el camino. Me llama la atención una que tiene junto al porche un barco, dos camionetas y un par de burros que comen alfalfa ajenos a nuestras miradas.  En lo alto de la casa ondea la bandera de los Estados Unidos de América.

La vía del tren continua paralela a nuestra Ruta. Es increíble la cantidad de contenedores que son capaces de transportar.

A la altura de Catoosa, vemos la famosa ballena que en tantas guías hemos visto. Un antiguo "Parque acuático" venido a menos donde hace unas décadas incluso podías bañarte en el estanque. Hoy, la enorme ballena sigue en pie pero en el lago ya no se baña nadie. La han dejado ahí como reclamo turístico.






El Tomtom y la aplicación del móvil comienzan a discutir, cada uno muestra una dirección diferente y al final acabamos perdidos y dando un rodeo en Tulsa, ciudad que nos suena por ser donde mandan al personaje de Chandler a trabajar, en la mítica "Friends".

Paramos en un par de letreros a echar unas fotos y en la fachada de uno de los puntos míticos de la Ruta; "Tally´s cafe". Hace un calor abrasador.

Para el tramo que nos queda hasta nuestro destino, tomamos la carretera general. El cansancio hace mella en nosotros y queda una hora escasa hasta Oklahoma City. No puedo creer que tras tanta amenaza meteorológica lleguemos al punto negro sin más incidencia que la monumental tormenta de esta mañana. La suerte ha vuelto a sonreírnos.




Ochenta millas después llegamos al Motel. Esta vez no nos da tiempo a darnos el ya típico baño en la piscina, además, el tiempo ha cambiado por completo y el horrible calor de hace una hora le ha dado el relevo a un viento frío que huele a humedad.

Salimos a cenar a un Restaurante mexicano que hay cerca. Un tugurio con una decoración bastante cutre que está a medio llenar. Se escucha mucho acento latino. Pedimos unas fajitas y un burrito. Un par de coronitas después llega la comida. Podríamos alimentar a medio Oklahoma con la cantidad de comida que hay en nuestros platos. Apenas caben en la mesa. Delicioso. Soy un fanático de la comida mexicana a pesar de que me siente fatal. El garito en sí no es nada del otro mundo, pero su comida es fabulosa. Si pasas por Oklahoma City, ve a comer al "San Marcos", vas a ponerte morado.




Volvemos a nuestra habitación subiendo los peldaños a la primera planta como podemos, yo creo que peso cuatro kilos más que antes de ir a cenar. Cuando estoy volcando las fotos y los videos en el portátil comienzan a escucharse unos ruidos al  otro lado de la puerta. Cuando la abro, está cayendo la tormenta del siglo. Apenas puedo ver la fachada de enfrente de nuestra habitación. El agua cae violentamente sobre la piscina. Creo que nunca había visto llover así. Me quedo un buen rato observando la lluvia sin pensar en nada más. Mary me abraza por detrás y me susurra que tiene miedo . La piscina está en plena ebullición debido al impacto de las gotas en la superficie del agua. Parece la  espectacular escena de los Gremlins, donde comienzan a multiplicarse en la piscina. Aunque pueda parecer lo contrario, ver esta tormenta desde el rellano del motel está siendo algo mágico. Una extraña sensación de paz recorre mi cuerpo, las manos de Mary rodean mi cintura. Hay más huéspedes observando el espectáculo.

Ya en la cama, caemos rendidos con la banda sonora de la lluvia. Esperemos que mañana cuando abramos esa cortina nos encontremos a los rayos del sol al otro lado del ventanal.

Mike.




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