jueves, 28 de mayo de 2015

NUESTRA NUEVA AVENTURA, LA RUTA 66.

Jamás pensé que fuera a realizarla algún día. Era uno de esos sueños que ves inalcanzable y me he propuesto cumplir todo aquello que esté a mi alcance, así, que tras dos años ahorrando, hemos roto "la hucha del cerdo" y nos vamos de nuevo a U.S.A.

Será nuestro cuarto viaje a Norte América, tras visitar Nueva York en nuestra luna de miel, recorrer la Costa Oeste hace tres años y patearnos Los Ángeles durante dos semanas hace dos (Rescaté de mi antiguo blog las entradas relacionadas con estos viajes, puedes verlas buscando en el archivo).

Este ha sido el viaje más costoso de realizar. Son casi 4000 kilómetros de recorrido que haremos en poco más de dos semanas. Partiremos desde Chicago y pasaremos por ocho Estados pernoctando en diez moteles diferentes, hasta terminar en Los Ángeles donde descansaremos durante tres días. Esto implica contratación de Vuelos, Ave, Moteles, alquiler de vehículo, planificación de la Ruta buscando los lugares y zonas que queremos visitar. Informarnos del clima y ambiente de las diferentes ciudades, pueblos y Estados. Localizando los Restaurantes del programa "Crónicas Carnivoras".... una minuciosa labor que hemos realizado nosotros mismos sin ayuda de agencias, a lo largo de casi seis meses y que al fin, el próximo viernes, verá la luz.

Hay algunas zonas un tanto conflictivas que a día de hoy están en alerta tanto de Tornados como de inundaciones, en las zonas de Texas y Oklahoma, espero que de aquí a una semana se calmen los cielos y nos dejen pasar. Si no... bueno, es algo que forma parte de nuestra aventura.

Como siempre, viajo cargado con mi cuaderno de notas, mi cámara de fotos y mis cámaras de video. Y si, prometo contarlo a la vuelta. Como cada uno de mis viajes.

Mike.






lunes, 25 de mayo de 2015

SI, YO TAMBIÉN ME HAGO VIEJO.

Siempre había pensado que seguía siendo el mismo, que mi cabeza y mi forma de pensar funcionaban exactamente igual que hace quince años y me sentía muy orgulloso de ello. Incluso defendía a capa y espada que el Mike de la treintena tenía los mismos valores que ahora, y si.... he vuelto a equivocarme.

La rutina de vernos cada día en el espejo hace que nuestros ojos no sean capaces de diferenciar como poco a poco vamos cambiando. Como esas cosas que ayer estaban rígidas y firmes, hoy comienzan a colgar. Como aquellas cosas que hace diez años pasaban desapercibidas para ti, hoy comienzan a escocerte. Mi día a día apenas tiene contacto con mi pasado; vivo en otro barrio, apenas veo a mi familia, mi profesión no es la misma que cuando cuando comencé a trabajar. Vivo en una especie de vagón que únicamente es capaz de ir hacia adelante, sin retrovisores. Por lo tanto cuando a la vida le da por ponerme parte de mi pasado delante es cuando soy realmente consciente de los cambios que el paso del tiempo ha realizado en mí.

Prácticamente habíamos perdido el contacto y nos veíamos muy de ciento a viento. Hasta que un día nos juntamos los cuatro de siempre frente a unas cervezas y entre batallita y batallita apareció la nostalgia y decidimos vernos si o si una vez por semana. "Quedaremos cada jueves, llueva, truene o se acabe el mundo". Y eufóricos, seguimos quedando cada semana. Yo ya tenía mi ración semanal de pasado, mi vagón paraba cada jueves los motores y echaba la vista atrás.

Nuestra relación se había basado en quedar los fines de semana para cogernos unas cogorzas de escándalo e irnos a las zonas de marcha de la ciudad. Estuvimos haciendo eso durante unos diez años, y bueno, imagino que esas cosas unen. No hicimos otra cosa. Nuestra relación consistía básicamente en quedar para echar unos litros y corrernos una juerga. Nunca hubo llamadas del tipo de: "Qué tal estás?, ¿Va todo bien?".... eran más del tipo "A qué hora quedamos? Esta noche vamos a arrasar¡¡.

Si, he de reconocer que tuvo su gracia. Incluso puede que aquella fuese la época de mi vida en la que más me he reído. Estábamos todo el día de cachondeo y era ley de vida, que aquella forma de relacionarnos iba a tener fecha de caducidad.

Pillé unas paperas que se me complicaron dañando varios nervios. Pasé un año bastante jodido de médico en médico hasta que dieron con el diagnóstico adecuado y pudieron curarme. Durante ese año no estaba para juergas y mis amigos dejaron de existir. Tal cual. Puede que recibiera un par de llamadas al principio... pero aquellas paperas y aquel duro año abrieron una enorme grieta entre mis amigos y yo. Me refugié en otra gente, apareció Maku y mi vida comenzó a cambiar. Me hice adulto sin darme cuenta, sin ellos al lado.

Ahora estábamos de nuevo juntos. Los primeros días hablas del pasado, de lo bien que lo pasábamos juntos, pero no puedes estar todas las tardes de cada jueves hablando de lo guay que eras hace diez años. Y comenzamos a profundizar en otros temas y según iban transcurriendo las tardes yo me iba  alejando de nuevo de ellos. No soy capaz de encontrar una sola cosa en común, para ellos soy el raro, el tipo de la gorra y el patinete (longboard), que no tiene ni puta idea de coches y que escucha grupos de música que solo conozco yo.

La situación era un tanto extraña, por un lado era raro verles porque no les ubicas en tu presente ya que son gente que forman parte de tu pasado, y mi pasado era un tren que se había marchado hace tiempo y con el que apenas me había vuelto a cruzar. Para mí era super extraño hablar de irnos de juerga, de chicas, de grupos de música de hace diez años.... yo estaba más en un plan Sofá, peli y manta. En series. En grupos más indies. En viajar. No sé, en otra onda. Para ellos el plan perfecto era salir una noche como lo hacíamos antes y lo hicimos, y aquella noche fue una de las noches más aburridas de mi vida. Quedamos a cenar y nos tomamos unas copas. Tuve la sensación de que estaba viviendo un flash back y de que por una noche volvimos al año 2005. Pero en realidad éramos una versión adulta de aquellos niñatos que se lo pasaban en grande cada noche. Un grupo de chavales bien entrados en la treintena, más gordos que antes, con menos pelo que antes, haciendo las cosas que hacíamos antes.... el resultado fue estremecedor. Cogí un taxi en cuanto pude y me largué a casa. Para ellos había sido una noche legendaria. Para mí que había bebido muy poco, fue un ridículo espantoso, la gente se reía de ellos constantemente. Han pasado diez años y no hemos evolucionado igual. Me sentí como si hubiese ido con un Señor mayor a la discoteca y este señor se hubiese dedicado a bailar como en los sesenta y a actuar totalmente fuera de época.

A veces me miran y leo en sus ojos: " ¿A este tío que le ha pasado?", yo me respondo a mi mismo que lo que ha pasado es el tiempo. Y por un lado siento mucho no estar a la altura. Siento mucho tener cada vez menos cosas en común con ellos. Siento mucho el estar haciéndome mayor y sobre todo tener que llevarme la contraria y asumir que, a mi Peter Pan comienza a salirle barba y alguna que otra cana. Ellos, mientras tanto, se han convertido en la Wendy que espera pacientemente en la ventana a que llegue un Peter que no aparecerá jamás.

Mike.