jueves, 22 de enero de 2015

EL BARRIO DE LOS 90

El tranvía me deja en Plaza España a escasos metros de la Fnac. Me escondo tras mi parka verde, mi gorra y mis gafas de sol y dejo que mis pies caminen mientras el Iphone hace de DJ pinchando mis canciones favoritas.

Conde Aranda ya no es lo que era. La gente se queja porque está lleno de extranjeros, la mayoría marroquíes que han ido abriendo negocios y se han apoderado de la avenida. Durante mi infancia esta calle era más peligrosa, en aquella época no había marroquíes pero eran los gitanos quienes merodeaban tras la esquina y así, sin esforzarme mucho en recordar, me vienen a la cabeza tres o cuatro intentos de atraco y otras tantas carreras rumbo al barrio huyendo de sus navajas.. yo sinceramente prefiero a los marroquíes, al menos no me han hecho nunca nada. En los 90 si no eran los gitanos eran los yonkis y si no los dos, pero tenías que andar con mil ojos vigilando a quien te cruzabas.

Al llegar a la esquina, el colegio del Carmen y San José y justo al lado el de La Anunciata. A nosotros nos gustaban más "Las anunciatas", apodo con el que llamábamos a las chicas que estudiaban allí, ese colegio dio auténticas sex símbols al barrio, aunque mi primera novia era del colegio de al lado. En el fondo yo siempre fui más de chica del "Carmen y San José", me hacían más caso.

Entrando en la calle Boggiero estaba y sigue estando el Oscus. Una escuela de formación para adultos que tenía un portero con una mala leche increíble. El típico gruñón con poco trabajo que hacer que se pasaba el día fumando en la puerta blasfemando. Yo cada vez que pasaba por la puerta del Oscus le decía algo al viejo Félix y me perseguía hasta la siguiente esquina. Una mañana de febrero que amaneció Zaragoza nevada, tuvimos nuestros más y nuestros menos con él. Se había pasado con uno de los canijos de la pandilla y lo convertimos en el blanco de las bolas de nieve. Una de ellas le dio de pleno en la cara. Todavía recuerdo los gritos, jurando ante todo el mundo que "Haría arder a esos críos en el infierno".

Unos metros más adelante, casi al llegar a la sede del PSOE, la papelería de Pepe. Un establecimiento en el que no cabían más de  cuatro personas a la vez. Pepe era un tipo enorme, pasaba de sobra los cien kilos y siempre estaba sentado al otro lado del mostrador leyendo revistas tras unas enormes gafas. Era nuestro proveedor de flash, golosinas, triskis, cromos, tebeos de "Mortadelo" y de "Zipi y Zape". Pepe cerraba la tienda cada vez que iba al baño. Cuando volvía a abrir allí no se podía estar de la peste. Era habitual llegar a la tienda y ver a algún amigo sentado en la puerta de la papelería:

- No está Pepe?
- Si, pero ha hecho caca hace poco y estoy esperando a que se vaya el olor.

Y la mejor decisión era volver dentro de media hora. Aun así, seguíamos fieles a su mostrador. Pepe falleció hace unos años y fue un auténtico jarro de agua fría. Era un personaje mítico de nuestra infancia. Ahora aquella tienda de golosinas, tebeos y flashes es una persiana bajada con un horrible graffiti.



Los portales adyacentes estaban vigilados por el "Pijamas", un portero que nunca se quitaba el pijama. Fregaba, vigilaba y fumaba en la esquina siempre en pijama. Era un tipo un poco siniestro al que nunca le escuchamos decir una sola palabra.

Al llegar al final de la Calle Calatorao, justo en la cera de enfrente estaba "Huevos el Polo" o " La Conchita" que era como todos llamábamos a la tienda. Era una charcutería - tienda de ultramarinos. Allí podías comprar casi de todo. Mi madre me mandaba siempre allí a comprar huevos y todos los Phosquitos de mi infancia me los he comprado allí. Me acuerdo especialmente de aquellos que venían con pequeñas figuritas de "Los Masters del Universo" y las pegatinas de "Oliver y Benji". Tengo el olor de esa tienda grabado en mi nariz. La gente del barrio hablaba porque el marido de Conchita le sacaba veinte años y tenían una nena pequeña que no se sabía muy bien si era hija de los dos o no. Eran un matrimonio muy amable. Ahora "Huevos el Polo" es una tienda de chinos llena de estanterías. Todavía sigue intacto el cartel.

En el pasaje, donde vivimos nosotros y la mayoría de los amigos de la pandilla había como una especie de ecosistema diminuto dentro del propio barrio. Podrían haber grabado una serie en los Noventa con las historias del "Pasaje" y habríamos sido líderes de audiencia.

Al lado de mi portal estaba la panadería de Juan. Juan vendía de casi todo y tenía fama de carero, en realidad vivía de la pereza de la gente, si, esa gente que por ahorrarse una caminata de cinco minutos al supermercado prefería bajar a comprar al lado de casa aunque fuese un poquito más caro. Era un hombre muy tranquilo, demasiado paciente con nosotros, que cada dos por tres le montábamos el partido de fútbol en la misma puerta de su panadería y soportaba nuestros gritos, balonazos.... aquel hombre se ganaba el cielo con nosotros cada tarde. En verano se sacaba la silla al lado de la entrada y leía el periódico. Nosotros aprovechábamos para entrar a su tienda y ver las chicas que salían desnudas en la portada del Interviú. Cuando entraba, siempre disimulábamos con la misma frase:

- Juan, ha salido ya el nuevo número de Mortadelo?

Siempre se le escapaba una sonrisa. Sabía de sobras que estábamos allí para ver las enormes tetas de Natalia Estrada y que en realidad la calva de mortadelo nos daba un poco igual.

Hoy la tienda de Juan es un almacén de una empresa de pinturas. Ya no hay revistas de chicas en pelotas, ni barras de pan, ni botes de Mistol.... solo latas de pintura y una persiana a medio abrir.

En nuestro "microsistema", dos bares se hacían la competencia. "El chalibes" , regentado por "Jack Nicholson", si, el dueño era igualito al actor. Y jamás le vimos tras la barra, siempre estaban sus hijas, Mamen y Alaska ( si, la hija del Nicholson se parecía a la Alaska de la época de la bola de cristal). La parroquia de este bar eran sobre todo adultos jóvenes y chavales que rozaban la veintena.

A escasos 20 metros estaba el "Bar Cereros", lo regentaban Begoña y el "Ocho pollos y medio"; un tipo con cara de niño y cuerpo de camionero de 120 kilos que apenas cabía tras la barra. Los clientes del Cereros eran los veteranos del barrio. Los de siempre. Allí se jugaba al guiñote después de comer todos los días y se veía el fútbol los domingos por la tarde. Cada cinco de enero tres clientes se disfrazaban de Reyes Magos y repartían los juguetes a los niños del barrio. El "bar cereros" era sin duda el corazón del pasaje.

Ambos bares siguen abiertos. Cada vez que vuelvo al barrio no puedo evitar entrar al Cereros, sentarme en el rincón de la barra y ver los fragmentos que quedan ahí de mi infancia tras un buen café. El Ocho pollos y medio ya no está tras la barra y Begoña se dedica a la cocina. El mostrador lo atiende su hija Andrea y su marido. Pero a pesar de eso, es el único sitio del barrio que apenas ha cambiado.

En el pasaje el jefe era José, o mejor dicho; Jusé como le llamábamos nosotros. Un sesentón de pueblo que era el conserje de todo aquello. Lo encontrabas siempre dando vueltas por allí con su mono azul, sus cubos y su palillo colgando de la comisura de los labios. José era el Shérif. El que nos requisaba los balones por jugar a fútbol, el que nos mataba con la mirada cada vez que abríamos un helado en su escalera recién fregada, quien llamaba a nuestros padres si nos pasábamos de trastos.... pero también quien nos contaba historietas de Longares; su pueblo y quien nos sacaba la cara si nos metíamos en algún lío. Aquel señor gruñón de mono azul era el otro alma de aquel pasaje.

Podría rellenar hojas y hojas de cada uno de los personajes de aquel barrio de los noventa, lo tengo todo perfectamente ordenado en el lugar en el que mi corazón archiva los mejores momentos de mi vida.

El día que me marché del barrio, hace ya casi ocho años, me fui sin mirar atrás. Quería volar de allí, comenzar una nueva vida y ver las cosas desde otra perspectiva. Estaba cansado de la misma calle, la misma gente y de aquel ecosistema en el que estábamos anclados.... supongo que la madurez me estaba acogiendo en sus brazos.

Hoy, miro con mucha nostalgia aquella época y aquellas calles se han ido haciendo más y más grandes junto a todos aquellos personajes dentro de mi. Ahora he visto más mundo, he conocido mucha más gente, he salido muchas veces fuera de España y conocido otras culturas y formas de pensar. Vivo en un barrio con amplias avenidas del que salgo y entro la mayoría de las veces montado en el coche. No conozco a los dueños de los mil y un bares que hay en mi actual barrio, no tengo un "Jusé" de conserje y apenas sé quienes son mis vecinos. Echo de menos mi ecosistema de calles estrechas, bajar a la calle y que todo el mundo me salude, sentarme en la escalera esperando a que salga Juan con su silla y entrar a su tienda a ver las chicas desnudas de sus revistas, ver como los veteranos del barrio juegan a las cartas, coincidir con un vecino en el ascensor y que nos den las mil hablando en el rellano, que sea "la Conchita" la que me venda el Phoskito" y no cogerlo de la estantería del supermercado..... en definitiva, mi vida es mucho mejor en la mayoría de los aspectos pero echo de menos ese "Tú a tú", esa familiaridad. Esa cercanía con la gente que la vida moderna está echando por tierra.

Me encanta volver al barrio sumergido en mis canciones favoritas y recordar de donde vengo, me ayuda a saber a donde quiero ir.

Mike.












martes, 13 de enero de 2015

UN BUEN AÑO.

Doce de enero de 2015, quien lo diría!!!!  El 2014 se ha ido con prisa, sin mirar atrás y a mi, para no variar, me ha pillado en otras cosas. Si, ya sé que todos hicisteis vuestro balance anual muy puntuales y luego escribisteis vuestros propósitos para este año en un papel y os comisteis las uvas y cambiasteis de año con los deberes hechos. Yo llevo otro ritmo y últimamente trato de digerir las cosas con lentitud, saboreándolas.

Ha sido un año intenso. Comenzó en el dentista ( como todos), si, mis últimos 3 ó cuatro años han comenzado en aquel sillón reclinable con varios artilugios metálicos hurgándome en las muelas. 

También ha sido el año en el que tuvimos, por primera vez en nuestra vida, que recurrir a un abogado por dos motivos diferentes. Al final los dos casos se quedaron en "agua de borrajas" y no llegaron a nada. En realidad, según los colegiados se trataba de dos "chorradas", pero claro, nosotros nunca habíamos tratado directamente con la justicia y palabras como abogado, juicio, defensa, juez y demás formaban parte de la tele, no de la vida real. Al final, cuando teníamos las de ganar decidimos no seguir adelante con aquello. No era agradable y lo dejamos estar. A veces es mejor tener paz que tener razón.

He seguido de forma más o menos constante con el english. Estudiando por mi cuenta y en julio nos matriculamos en una academia nueva del barrio. Tenemos un profesor de Chicago que hace que las clases no sean aburridas y además voy con Maku. He avanzado mucho, cosa que no era muy difícil porque mi nivel era penoso.

Al fin bajamos al Sur, concretamente a Cádiz y Málaga y me encantaron. Descubrí que Málaga sería para mi la ciudad perfecta. Por tamaño, por clima, por la playa... Además pudimos conocer a Sergio y Crisflower; un vasco y una andaluza que se enamoraron perdidamente riéndose de los más de mil kilómetros que separan San Sebastían de Málaga. Maku está muy metida en Instagram.... tiene muchos seguidores, sube fotos a diario y bueno, está en el meollo. Cuando íbamos de camino al sur, me dijo:

- Esta semana quedaremos con la Crisflower.
- La quien?
- La crisflower, de instagram.
- La que fue a California?
- Si.
- Ok.

Y nos encontramos con la gracia andaluza y la nobleza vasca. Fue genial conocerles.

En el trabajo las cosas siguen igual. Bueno, ahora soy fijo y el caos que tengo sobre la mesa se ha multiplicado por diez, pero por lo demás las cosas no han variado mucho; me sigo disfrazando de Señor cada día de 8 a 17 y cuando llego a casa vuelvo a ser yo. Sigo partiéndome la cara con el estrés a diario, unas veces gana él y la mayoría consigo vencerle con ejercicios de respiración y tratando de recordar que esta vida es muy corta para darse demasiada guerra por motivos laborales y que la magia de la vida se esconde tras las cosas pequeñas. Así sobrevivo día a día en esa jungla de ventas, informes y reuniones. 

2014, fue el año que cerré mi antiguo blog: "Mi vida en tu ventana", cometí el error de poner mi nombre real al crearlo y claro, mi nombre te llevaba a él de una forma muy sencilla. Cuando tu nombre va plasmado en una tarjeta y esa tarjeta se dedica a viajar de empresa en empresa no es bueno estar tan expuesto y más sin controlar quien lee "mis cosas", y como me negaba por completo a dejar la blogterapia decidí crear este otro. Cuatro años que se esfumaron pulsando un simple botón. Pero bueno, aquí seguimos.

Tras más de cuatro años sin probar calada, volví a coquetear con el tabaco. Fue un "juego de niños", que si me pongo nervioso y necesito un cigarro, que si hoy me fumo un cigarro con los amigos porque si, porque me apetece.... tranquilos, no quiero que mi vida vuelva a depender de esos hierbajos para todo, por lo tanto considero que fue un error que no puede volver a ocurrir. La verdad es que no lo echo de menos. 

Llegué a correr doce kilometros. Doce ¡¡¡¡ Tu igual eres un Runner de la leche y haces esta distancia sin pestañear, pero para mi correr doce kilómetros es lo más cercano a ganar la maratón de Nueva York, es ganar la copa ( la que sea, una importante). Si, solo lo hice una vez y durante los cinco meses que estuve corriendo con cierta regularidad no pasaba de los seis kilometros, pero me sentía bien. Al final, correr siempre por los mismos sitios terminó por cansarme y cuando algo comienza a ser rutinario se convierte en aburrido.... las vacaciones y luego el invierno se encargaron del enviar las zapatillas de correr y las mallas al fondo del armario. Me gustaría volver y es uno de mis propósitos, pero no os prometo nada. Yo no soy Rajoy, yo cumplo mi programa electoral y deciros ahora que voy a correr mucho es deciros que soy supermán. Pero prometo intentarlo.

Musicalmente ( para mí) ha sido el año de La habitación Roja, de Weezer, de Smile,  de Oasis, de The Ramones.... si, esta ha sido la principal banda sonora de este año. 

La nota negativa fue la muerte del abuelo. Si, tras catorce años alargando su vida con un Alzheimer cada vez más agresivo que borraba sin piedad cada uno de sus recuerdos al final se marchó. Yo estaba en la otra punta del Pais cuando nos dejó y digerí tarde su muerte. No me lo creía. Su enfermedad "amortiguó" un poco el dolor. Al fin y al cabo era un "niño" de 90 años que no recordaba su nombre. El abuelo que yo conocí, aquel gran hombre noble y bueno que sabia de todo, se fue de verdad hace 14 años. El no haber llegado a su funeral me sigue dando algún que otro dolor de estómago, no me lo tengas en cuenta abuelo, estaba a mil kilómetros de distancia.

He echado de menos Estados Unidos, tres viajes en apenas cuatro años te crean esa especie de mono de USA ( soy muy fan como algunos ya sabéis). Puede que este año me quite la nostalgia, pero es pronto todavía para adelantar acontecimientos. Fuera de España únicamente el reciente viaje a Londres... Barcelona, Cádiz, Málaga, Peñíscola y Tarragona han sido el resto de destino de este extinto 2014.

La cita semanal con los amigos ha seguido vigente durante todo este año. Nos hemos acercado más. Os hablaré de esto más adelante. Es algo que tengo pendiente.

Me he enganchado a la política. Yo siempre había sido muy pasota en este tema, me parecían todos los políticos iguales. Y a pesar de no haber fallado en cada cita electoral desde que cumplí los 18 años, nunca he sentido que un partido me represente. Creo que los jóvenes tenemos en nuestra mano frenar a esta pandilla de ladrones que están acabando con el Pais y tenemos ahora la opción de cambiar las cosas. Estamos ante algo histórico. Me alegra saber que la gente desencantada con la política da grandes audiencias a los debates políticos desplazando incluso al fútbol a un segundo plano. Quien nos iba a decir que íbamos a preferir ver un debate político en vez de un partido, o que en los bares se empiece a hablar más de política que de fútbol. Eso es signo inequívoco de que algo está cambiando. 

No es fácil resumir un año en cuatro párrafos. Tampoco era mi intención hacer balance, pero esto es lo que me ha salido, soy mucho de empezar a escribir algo y acabar contando algo que no tenía nada que ver con la idea inicial, pero supongo que forma parte mi encanto. 

Ha sido un buen año. Yo veo el vaso siempre medio lleno. Y comienzo el 2015 con alguna cana de más y sintiéndome mejor persona. Ese es mi único propósito, estar en paz conmigo mismo, vivir y disfrutar de las cosas pequeñas, lo demás viene todo solo.

Mike.





lunes, 5 de enero de 2015

LONDRES. FIN.


Son las 07.45 h. Tras la ducha bajamos a desayunar. El saloncito nos regala la última estampa de los dos últimos días, lleno. Me despido de los cereales, del asqueroso y adictivo zumo de polvos y de las tarrinas de mermelada.

En la habitación las maletas han engordado considerablemente respecto a como llegaron. Hay un abrigo más, un par de zapatos, jerseys, camisetas.... si alguien en el aeropuerto nos pesa la maleta, podríamos tener problemas.

Salimos del Hotel. A pesar del horroroso ruido de la primera noche, de la situación de la habitación a escaso medio metro del ascensor con el trajín de gente que eso conlleva.... no puedo evitar sentir cierta nostalgia al dejar el hotel. El suelo de madera, la moqueta, el olor..... soy un nostálgico capaz de echar de menos cualquier detalle por tonto que sea, debe ser una tara psicológica de la infancia. Nadie es perfecto.

Decidimos despedirnos del Starbucks de la esquina. Somos muy adictos a esta cadena de cafés y en Zaragoza no podemos disfrutar de ella, así que esta si que va a ser una despedida dolorosa. Me hago con el útlimo Chai Tea Latte; cuanto voy a echar de menos el jengibre, la textura de la leche, el tacto del vaso, el interior de los locales con los clientes ensimismados en sus portátiles.... Nos vemos en el siguiente viaje, Starbucks.



Ya en el metro devolvemos nuestra tarjeta y nos dan nuestra fianza. Recordad, si venís a Londres conseguid la Oyster, ya que es la forma más económica de viajar aquí. Metro a "Victoria Station" y localizamos nuestro bus de Terravision. El viaje se invierte, volvemos al comienzo de la aventura, se invierte tanto que aparece de nuevo el grupete de sexagenarios que coincidió con nosotros al venir. Hablan de lo bien que lo han pasado y de futuros viajes. Yo quiero llegar a esa edad con esa vitalidad y ganas de seguir viendo mundo.

Una hora de autobus hasta el aeropuerto. Conforme te alejas del centro de Londres, comienzan a asomarse las zonas verdes y barrios residenciales. Intuyo que es aquí donde se retiran la mayoría de los londinenses, hemos visto muy poca gente mayor merodeando por el centro. Podría contarlos con los dedos de una mano. Eso sí, mi favorita seguirá siendo siempre aquella mujer de pelo rosa de "Oxford Street".

El aeropuerto está completamente lleno. La cola hasta el control de seguridad es interminable. La última vez que estuve aquí , destino España hace cuatro años y medio, el panel de los vuelos repetía una y otra vez la palabra: "cancelado". Aquel volcán Islandés despertó de su letargo en el momento más inoportuno y tuvimos que volver a España cogiendo un tren a Plymouth ( sur de Inglaterra), hacer noche allí, coger un Ferry rumbo a Santander con otra noche incluida y de allí tres horas y media de coche a Zaragoza. Comparo aquella aventura con la media hora larga de fila y no, no puedo quejarme.




Nadie pesa nuestra maleta. Nadie la mide. Estamos dentro. Esta vez le toca a Maku la ventanilla. Esta ve no va a estallar ningún volcán Islandés. El avión despega. Volvemos a casa.

Las nubes se amontonan poniéndose sus mejores galas de algodón blanco inmaculado. Sobre ellas, me llevo lo mejor del viaje: Aquel negro de mirada cinematográfica envuelto en el humo del café, Nothing Hill, las historias de nuestros compatriotas españoles tratando de buscar un futuro mejor aquí ( han sido todas positivas, no queda otra), los viajes en metro, el Chai Tea Latte, la niebla de Londres y su frío "moderado", Hyde Park, sus ardillas y la "fiesta del pato", haber podido comunicarnos sin demasiados problemas ( hay que seguir mejorando) y sobre todo mi compañera de viaje, Maku, no querría viajar con nadie que no fuera ella. Es para mi, la mejor compañera de viaje, toda una suerte poder compartir mi vida con ella.

Espero no tardar mucho tiempo en salir de viaje. Y como siempre, prometo contarlo a la vuelta. Gracias por estar al otro lado.



domingo, 4 de enero de 2015

LONDRES. DÍA 5.

Nuestro último día completo en Londres comienza con más bullicio de lo habitual. El Hotel cuelga el "Sold Out". Los pasillos parecen la "Oxford Street", el tránsito al ascensor se ha multiplicado por cien. El suelo de madera cruje sin parar y nosotros bajamos a la salita del desayuno por la estrecha escalera victoriana. La fila de la tostadora llega hasta el pasillo. Maku se hace con una mesa mientras yo avanzo lentamente en la fila.

Junto a nosotros se sientan cuatro chicas españolas muy jóvenes. Cuando no he terminado media tostada son ya el centro de atención del comedor, hablan muy alto y critican absolutamente todo: la comida, los ingleses, los atuendos de los clientes del hotel... Por lo visto llegaron ayer de madrugada y van a estar aquí dos días. Siento vergüenza ajena de mis cuatro adolescentes compatriotas. Creo que la regla número uno cuando sales de tu País ( estés o no sin civilizar) es respetar las costumbres y sobre todo a los ciudadanos del País que visitas. Estás chicas por la educación que muestran, no deberían dejarles salir de su barrio. Una pena.

Salimos rumbo a Nothing hill. Hace mucho frío, pero no sopla el viento, por lo tanto es un frío agradable. Algo bueno de vivir en Zaragoza y de sufrir el cierzo de la ribera del Ebro es que el frío se convierte en algo "relativo" cuando sales de viaje. De todos modos, daría cualquier cosa por no tener que sufrirlo, pero de mi historia de amor - odio con Zaragoza hablaremos en otro Post.

Una parada de metro nos separa de Nothing Hill. Nada más salir de la boca del metro damos con "Portobello Road" ( está muy bien indicado). Es temprano todavía y el mercadillo no está montado. En 2010 no pudimos ver este mercadillo ya que solo se monta los sábados y no pudimos coincidir. 
Una de las principales características de Nothing Hill son sus casas de colores. Su estructura victoriana y su "olor" a San Francisco. Estoy convencido de que cuando levantaron la ciudad del "Golden Gate" sus referencias en cuanto a arquitectura fueron Londres y más concretamente: Nothing Hill. Se convierte rápidamente en mi barrio favorito de Londres. El color de las fachadas, la diversidad de la gente, los establecimientos..... sería el barrio perfecto ¡¡





Cuando sobrepasamos el medio millar de fotos, el mercadillo está completamente montado. Desde el comienzo de la calle podemos ver la "Portobello Road" completamente a rebosar: Puestos de comida con gran variedad de platos de todos los países y culturas que puedas imaginar, antigüedades, juguetes, discos..... nada más comenzar a caminar nos sorprende un grupo de chavales que cantan a Capela grandes éxitos de la última década. Uno de los chicos es clavado al protagonista de la peli "Crepúsculo", será nuestro Eduard Cullem durante la próxima media hora. Lo hacen realmente bien, sus angelicales voces se solapan unas a otras no echando absolutamente nada de menos los instrumentos. Se forma una gran expectación alrededor de los muchachos. Se han ganado nuestras libras, ha sido un gran Show.

A escasos cien metros, en el primer cruce. Un viejo rockero se hace con el alma de la calle tras su puesto de Cd´s y discos de vinilo, en sus cajas y de sus altavoces suenan los mejores: Beatles, Dylan, Stones, ... se podría decir que este Señor es el Dj de "Portobello Road".

En la siguiente esquina, un tipo con un atuendo muy de granja americana de los 50 aporrea un enorme contrabajo. El enorme instrumento y su voz derraman un carisma y una autenticidad arrolladora. Hubiese permanecido mirándolo horas y horas, pero tenemos todavía mucho por ver.

Cuando llegamos al final de la calle comienza otro mercadillo anexo, con ropa vintage. En el puesto de la esquina damos con el suministro oficial de sombreros Londinenes. Aquí es donde todo el mundo compra los sombreros que hemos ido viendo a lo largo de la semana. No era nada fácil encontrarlos. Una elegante señora lidera el puesto y nos ofrece diferentes tallas. Maku ya ha consiguió el suyo hace unos días tras una dura búsqueda. Si vas a Londres y buscas un sombrero, espera al sábado y en Portobello encontraras de todo.







Pegado al mercadillo vintage se asoma otro mercadillo más. Los puestos se enlazan unos con otros. Esté está regentado en su mayoría por una comunidad negra. En el primer puesto suena música reggae y el dueño es un tipo con rastas escondido bajo una enorme gorra con los colores de la bandera de Jamaica que baila sin parar un temas tras otro. Desborda energía, felicidad, alegría.... a aquel tipo se le ve enormemente feliz vendiendo discos y a mi la gente que transmite felicidad me llega. No puedo evitar esbozar una sonrisa.

Si fuese director de cine, si estuviese pensando grabar una película, si necesitase un plano invernal en un ghetto.... contrataría al hombre que tres puestos más adelante degusta un café. Su rostro tenso, la mirada perdida bajo el puente, su piel marcada de vida, el humo de su bebida acariciándole la barba y sus guantes negros cortados en la mitad de sus falanges, hacen de él un objetivo atractivo para cualquier cámara. Estoy a punto de fotografiarlo pero me clava la mirada cuando apenas le he apuntado con la cámara. El tipo no pestañea, el humo del café se pierde cielo arriba junto con mi idéa de fotografiarlo. Si algún día ruedo una película vendré por tí tipo duro, serás el mejor plano de mi película.

Nos hacemos con un bocadillo de pollo y una especie de bollo relleno de Nutella. Tener la comida de forma tan accesible me encanta. Me encantaría que llegase a España de forma más masiva la cultura del "Take Away", tenemos mejor clima que en muchos lugares donde es todo un éxito desde hace décadas y teóricamente sería más fácil instaurarlo, pero poco a poco. En España no somos muy de comer caminando todavía, al menos en la ciudad donde vivo. Somos más de mantel, vino y cubiertos.... pero comienzan a verse nuevos negocios que proponen ideas nuevas. Todo se andará.




Recorremos tres o cuatro veces la "Portobello Road", el bocata de Pollo y el dulce de Nutella baja a nuestros pies dejando un vació en nuestros estómagos. Las hamburguesas del "Honest Burger" reclaman su sitio en nuestra panza. Nos dejamos seducir y la suerte se alía con nosotros; está todo reservado, pero si esperamos media hora nos hacen un hueco junto a la ventana.

La media hora de espera se convierte en una auténtica tortura. Las hamburguesas pasean sobre los platos de los camareros dejando un aroma que hace que nuestros estómagos rujan y nuestras bocas segreguen agua. Mucha gente entra buscando sitio sin encontrar fortuna, está todo lleno. Los camareros tienen mucho estilo: zapatillas nike, vaqueros rotos muy pitillos, camisetas anchas, tatuajes y cortes de pelo imposibles. Nos toca. Pedimos dos completas y una limonada casera; una de las especialidades de la casa. Al otro lado de la ventana, Portobello sigue siendo un mar de gente. La hamburguesa resulta deliciosa, quizá sea la mejor que hemos comido en estos cinco días aquí. Recordad, si venís al mercadillo de Portobello, reservad por la mañana en "Burguer Honest" y a mediodía es una gran opción para comer ( está bien de precio para ser Londres).




Pensábamos echar aquí todo el día, pero la verdad es que ya no hay mucho más que ver. Maku no ha dado con su abrigo. Propongo quemar el último cartucho volviendo a "Oxford street" y tratar de encontrarlo. Nada más entrar en el metro notamos que hay el doble de gente. Llegamos a nuestra parada, la gente colapsa literalmente los pasillos de la estación de metro. No es posible avanzar. Es sábado, es el fin de semana del Black Friday y estamos a tres semanas de la Navidad.... venir aquí ha sido una de las peores ideas que he tenido en mi vida. Odio las aglomeraciones. Los empleados del metro hacen de semáforos; paralizan a la gente en los pasillos dando paso a otros, por turnos. El calor es sofocante, alguien no se ha duchado y comienzo a encontrarme realmente mal. Parece mentira que una ciudad como Londres no tenga un plan para superar este tipo de problemas. Se supone que es una de las ciudades más visitadas del mundo, con un tráfico de metro espectacular.... pero aquí estamos, parados desde hace mas de veinte minutos con un tipo delante que no se ha duchado en seis o siete meses. Al fin se escucha un grito, un pito y la "pelota" de gente comienza a rodar. En cinco minutos estamos fuera.

En la calle encontramos el mismo panorama que en el metro pero sin el tipo con alergia a la ducha de delante y al aire libre. Es imposible caminar. Entramos a un par de tiendas pero un Tsunami de gente ha arrasado con todo. La ropa por el suelo o amontonada en las estanterías, las dependientas con cara de estar combatiendo en Vietnam, gente probándose cosas en el medio de la tienda.... Londres está siendo arrasado.

- Cariño, siento mucho lo de tu abrigo, en Zaragoza removeremos cielo y tierra para encontrar uno de ese rollo.
- Si, si, vámonos de aqui.

( A la vuelta, Maku encontró su abrigo colgado en una tranquila tienda de un centro comercial de Zaragoza).

Volvemos al metro. Hay más gente que antes. Ahora ya sabemos lo que hay, la clave es ponerse cerca de alguien que huela como una persona normal y tratar de dejar la mente en blanco hasta que la vorágine avance. A lo que me quiero dar cuenta han pasado quince minutos, al fin entramos al metro. Llegamos a la tranquilidad de Paddington en medio de la noche, bajo una fina capa de niebla. Nos metemos en un restaurante italiano en busca de una pizza. Los camareros ya no tienen ese rollo de Portobello. Camisa blanca, pantalón negro, bolígrafo en el bolsillo de la camisa y una libreta; lo que viene siendo el camarero de toda la vida. Dos pizzas y dos copas de vino después estamos en el hotel. El episodio del metro me ha dejado K.O.

Hacemos hueco en las maletas. Se acaba nuestra estancia en Londres. Han sido cinco días inolvidables, conociendo el Londres que de verdad queríamos ver. Hemos practicado Inglés y si, debemos mejorar sobre todo el "Listening", pero el paso que hemos dado ha sido gigante, al menos el mío. Este viaje me va a motivar todavía más en mi lucha por vencer al English¡¡¡

Última noche en este incómodo colchón. Good night¡¡