domingo, 28 de diciembre de 2014

LONDRES. DÍA 4.



Hoy ha sido el día que mejor he dormido. Mi cuerpo ya se ha acostumbrado a la incómoda curva del colchón. El despertador suena una hora antes de lo habitual. Mi cabeza se queda en blanco un par de minutos observando la ya habitual estampa invernal: " Venga Mike, que nos tenemos que ir".

El zumo del desayuno es vomitivo, pero soy adicto a él. Cuando desayuno en hoteles soy incapaz de no beber el zumo de polvos ( similar al mítico Tang).

Hoy vamos a Camden. Tres líneas de metro nos separan del mítico mercadillo.




Nada más salir del metro nos damos de bruces con una zapatería en cuya entrada hay una interminable cola de gente ( la mayoría de color). Ofrecen buenos descuentos y suelen agotarse las zapatillas de moda, sobre todo marca Nike y New Balance. Todavía se puede caminar tranquilo. Es muy temprano.

Localizamos un Starbucks. Será nuestro cuartel general. Nuestro lugar para entrar en calor y poder ir al servicio. Nos hacemos con un par de "Chai Lates" ( el gran descubrimiento de este viaje). A través de la ventana diviso la cada vez más poblada marabunta que cruza el puente sobre el canal.

En los puestos de comida nada más cruzar el canal , solo se escucha la grave voz de un asiático que te invita a probar su cerdo frito. El tipo tiene carisma, puedes comer una bandeja a rebosar de comida asiática por escasas cuatro libras ( bebida incluida). Justo al lado los asientos de diversas motocicletas hacen de terraza con vistas al canal. Decidimos volver después a comer aquí.

Nos adentramos en el grueso de Camden. Pasillos interminables y tiendas escondidas con la moda más atrevida hacen de este antiguo establo un lugar perfecto en el que perderte. En una de las tiendas venden una especie de bota de agua transparente donde puedes lucir tus calcetines. La idea me parece muy original.






Maku se hace con unos zapatos muy vintage, muy años cincuenta. Yo me pruebo un par de camisetas en una tienda muy friki que regenta una servicial japonesa. Me ha dado por las camisetas hiperlargas y la mayoría de las que veo son cortitas. Una lástima, ya que no se encuentra todos los días una camiseta de los "Masters del Universo".

En camden cualquier cosa es posible. Manteniendo las distancias, me recuerda al paseo de Venice Beach de Los Ángeles. La extravagancia camina con la cabeza muy alta y sin pudor alguno. Punkis con crestas interminables, góticos embutidos en ropa negra y siniestra, fanáticos del Manga, .... Los lugares que hacen de su bandera la diversidad me encantan y Camden es uno de ellos.

El hambre nos lleva directos al asiático que hemos visto nada más llegar al mercadillo. Nos hacemos con un par de bandejas a rebosar de comida asiática y nos sentamos en las motos con vistas al canal. Un par de gaviotas nos entretienen mientras se pelean entre ellas por un trocito de cerdo agridulce.




Decidimos volver al Hotel a descansar un rato. Los días aquí se estiran como un chicle, desde que llegamos hemos salido temprano de Paddington y no volvíamos hasta bien pasada la hora de cenar. Hoy descansamos un par de horas para abordar con fuerza la tarde.

En el hotel hay más movimiento, se nota que el fin de semana está encima. Salimos de nuevo a las cinco. En el cielo son las once de la noche y la niebla no deja ver las estrellas. El vaho escapa a toda velocidad de nuestras bocas, hoy no va a llover.

En poco más de un cuarto de hora estamos en la Oxford Street. Nos ha parecido buena idea venir ya que hoy es el "black friday" y puedes encontrar suculentos descuentos en las tiendas. La avenida está colapsada de gente buscando su particular ganga. Maku ha encontrado en Candem sus zapatos pero ahora va en busca de un abrigo así anchote. Aquí lo llevan muchas chicas. Tiene un rollazo brutal.

Apenas se puede caminar. De una de las tiendas sale una señora, que siendo generoso no tendrá menos de setenta años. Es la primera anciana que veo en Londres, la ciudad está poblada de gente joven y de mediana edad, pero no es frecuente ver gente mayor. Esta mujer será casi octogenaria pero su look es totalmente juvenil: Pelo rosa, abrigo de Leopardo, unas New Balance en sus pies y un cigarrillo colgando de sus labios. La señora desborda un carisma increíble y mantiene intacta su sonrisa a la vez que recita algo en voz alta. Se trata de una de esas personas a la que le harías mil preguntas, saber donde vive, que hace, como es..... si, soy un periodista frustrado y me hubiese encantado saber más de esa increíble dama, pero la marabunta nos arrastra calle abajo sin tener la opción de pararnos. La única salida es desviarnos al interior del centenar de tiendas que van quedando a nuestra derecha. Tras entrar en la mayoría de ellas, no damos con el abrigo, o bien por el color o bien por la talla, no llega nuestra oportunidad.

Comienzan a caer copos de nieve. Está nevando¡¡¡ La estampa es preciosa, los copos caen lentamente dejando arriba la iluminación navideña. Uno de los copos cae en mi mano y no está frío. Maku y yo nos miramos extrañados hasta que vemos unos surtidores junto al alumbrado, es nieve artificial. Si, nos han engañado, pero me ha encantado la trampa. Sería bonito importar esta idea en Zaragoza. Ya veo el Paseo de la Independencia con nieve cada diciembre y el cierzo extendiendo por toda la ciudad los copos. Señor alcalde, desde aquí le invito a que tome nota y haga aun más bonita nuestra Navidad.

Antes de volver al Hotel, nos metemos en un Nando´s a cenar. El pollo que sirven en esta cadena está exquisito, si venís a Londres os aconsejo comer o cenar aquí. La relación calidad precio es muy buena. Tras devorar un cuarto de pollo con guarnición volvemos a "casa".

El tránsito al otro lado de la puerta se ha multiplicado por diez. Decenas de maletas se deslizan sobre el crujiente suelo enmoquetado. El ascensor hace horas extras. Me enchufo los tapones en las orejas y mañana al fin veremos Portobello; visita fallida en el 2010. Good Night ¡¡¡






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