martes, 23 de diciembre de 2014

LONDRES. DÍA 3.

Otra mañana más la ventana de la habitación está cubierta de vaho, el calor de dentro y el frío de fuera nos regalan una estampa muy invernal. El insoportable ruido de la noche anterior no ha dado señales de vida, tan solo se escucha el crujido del suelo bajo los pasos de los huéspedes que van camino del ascensor. La calle continua mojada cuatro plantas más abajo.

El saloncito del desayuno está abarrotado. Una pareja de Madrid se sienta junto a nosotros. Su primera vez en Londres para él y la segunda para ella. 

Un zumo, un café, un par de tostadas y un tazón de cereales después, nos ponemos en marcha rumbo al "Hyde Park". Decidimos ir caminando ya que nuestro Hotel está a escasos quince minutos. Yo me declaro un auténtico fan de este parque, me encanta su humedad, sus zonas verdes ( muy verdes), su lago, lo bien cuidado que está... Mi parque favorito del mundo mundial ( por encima del mítico Central Park de Nueva York).

Nos dirigimos al lago esperando encontrarnos de camino con alguna ardilla. Si, también soy muy fan de las ardillas, yo creo que junto con las gaviotas son mis animales favoritos. No tardamos nada en dar con ellas, a escasos 50 metros de la entrada del parque una familia de ardillas olfatea a toda velocidad la explanada verde en busca de algo de comer. Les ofrecemos pan, pero la competencia es feroz; cuervos, palomas, gorriones.... y cuando están a punto de comer de nuestra mano un enorme perro viene disparado hacia nosotros tratando de almorzarse a una de las simpáticas ardillas, que escapa a la velocidad de la luz árbol arriba. Ser ardilla es un trabajo realmente estresante en "Hyde Park". Mucha competencia para conseguir "tu premio" y cuando crees que estás a punto de conseguirlo aparece algo o alguien más grande que tú y debes resignarte a no conseguirlo. Nuestra ardilla se ríe de esta metáfora de la vida y dando esquinazo al chucho baja rápido del árbol y se lleva nuestra trocito de pan. Si, en la vida al final al siempre ganan los buenos, aunque a veces cueste más de la cuenta.




El crujido de las hojas secas bajo nuestras suelas son la banda sonora del Parque. Llegamos al lago. Hoy no están puestas las famosas tumbonas, hace bastante frío, pero es un frío moderado, nada que ver al gélido cierzo de Zaragoza en esta época del año.

El lago está lleno de patos, dentro y fuera del agua. Maku saca uno de los trocitos de pan que lleva en la mochila. En un abrir de ojos estamos rodeados de patos reclamando su ración. Solo se escucha Cua Cua. Somos el flautista de Hamelin y una docena de turistas se dedica a hacernos fotos mientras caminamos bordeando el lago perseguidos por medio centenar de aves. Uno de los cisnes casi me arranca un dedo, la japonesa de las gafitas rosas sufre un ataque de risa.




Tras el festival del pato, nos despedimos de nuestro público y vamos al Kiosco de la entrada en busca de un café caliente. El camarero nos cuenta que el "chiringuito" está abierto todos los días del año, llueva o nieve. El café que sirven es tipo Starbucks. Me encanta la cultura del "Take Away".

A la salida del metro nos encontramos con la melodía acústica de la guitarra de un tipo, que escondido bajo un enorme sombrero negro busca su público. Me hubiese quedado toda la mañana escuchando sus canciones pero Londres nos llama. Salimos al mundo "exterior" en la estación de Knightsbridge, nos hacemos con una enorme porción de pizza que engullimos bajo los adornos navideños. El escaparate de Harrods es increíble. La Navidad se vive a lo grande en London.




Recorremos una a una las tiendas de Knightsbridge hasta que el cansancio y el frío nos mandan directos a un Starbucks que se encuentra en lo alto de la avenida. La vista es espectacular. Un par de "Chai lates" nos hacen entrar en calor. El Starbucks está abarrotado de gente, la mayoría con sus portátiles. Un tipo duerme al final de la hilera de sillones. A su lado un tipo negro con unas enormes gafas de pasta teclea algo en su MacBook, observa mucho a la gente buscando inspiración. En la mesa de al lado una chica con el pelo recogido en una coleta escribe a lápiz algo parecido a una poesía. Mi imaginación vuela y salgo de allí pensando que el tipo negro es un escritor y la chica una compositora de canciones.

Al salir gastamos nuestra última bala en un par de tiendas que antes no habíamos visto en busca del sombrero y ahí está. Sobre una estantería, escondido entre dos montañas de jeseys perfectamente plegados.

Volvemos al Hyde Park. Concretamente al "Winter Wonderland". Una especie de feria que montan cada año aquí. En "Winter Wonderland" es más Navidad que nunca. Cientos de puestos de comida, atracciones, y los reyes de las garitas son los Minions, hay minions por todas partes como premio a tu destreza colando balones en una canasta diminuta, tirando botes o pescando patitos de goma. Suenan Suede, suenan los Blur, suena Oasis... Dios como me gusta Inglaterra¡¡¡

El cielo está completamente negro. La niebla se adueña del parque, le digo a Maku que igual es hora de cenar:

- Pero tú que hora te crees que es?
- No sé, ¿las ocho?
- Las cuatro de la tarde¡¡¡

La oscuridad me ha engañado. Son las cuatro de la tarde y el cielo se disfraza de madrugada. Decidimos comer algo. Yo hago fila para coger uno de los enormes pinchos morunos de la garita que atienden dos chavales disfrazados de Elfos y Maku va  a la otra barra en busca de dos pintas. El camarero le pide el carné, o lo que es lo mismo, le está echando doce años menos de los que tiene; un piropo en toda regla. El camarero alucina cuando ve que Maku tiene 33 años. Siempre nos ocurre lo mismo, la gente falla siempre al calcular nuestra edad. En Inglaterra puedes consumir alcohol a partir de los 21 años.

El pincho está exquisito. A nuestro lado un grupo de italianos degustar unas hamburguesas. Justo en frente hay un bar dentro de un tío vivo. Puedes tomarte la cerveza mientras giras una y otra vez al compás de música británica. Antes de salir del parque nos hacemos con un delicioso pretzel de queso y bacon.



Cogemos de nuevo el metro y nos desplazamos a "Covent Garden". El ambiente navideño es increíble. Hay mucha más gente que el otro día. Damos una vuelta por los diferentes puestos y el cansancio no nos da tregua. Londres agota, agota mucho. Volvemos a nuestro barrio; Paddington,  en busca de algo para cenar. Entramos en un local donde sirven hamburguesas Gourmet. En la mesa de al lado una chica pide la cuenta mientras rebaña lentamente las patatas en la salsa. La hamburguesa no pasará a la historia en nuestro ranking particular ( donde sigue mandando aquella virguería culinaria de Sausalito; San Francisco) pero estaba buena.

Antes de volver al Hotel nos hacemos con un par de botellas de agua. Hoy hemos comido pizza, pinchos morunos, pretzel y una hamburguesa... la paliza a la dieta sana está siendo espectacular. Ya habrá tiempo de volver a la dieta habitual baja en grasas. Pero este no es el momento.

Me quito la ropa con dificultad, hoy no tengo tiempo de pasar las fotos y vídeos al ordenador, el cansancio y el sueño tienen demasiada prisa por meterse en nuestra cama. Olvido ducharme. Caigo redondo. Comienza a llover al otro lado del vaho de la ventana. Good night¡¡¡





No hay comentarios:

Publicar un comentario