domingo, 7 de diciembre de 2014

LONDRES. DÍA 2.

No ha sido mi mejor noche. Apenas he podido dormir. Un ruido insoportable ha estado dando tumbos por toda la habitación de forma intermitente durante toda la noche. Ha sido como tener una máquina de fotocopias en la cabecera de la cama. A eso tenemos que añadirle que el colchón tenía forma de "U" y Maku y yo parecíamos los ingredientes de una de esas fajitas mexicanas. Mi cabreo es monumental. Decidimos ir a desayunar y tratar el tema después más calmados con la recepción del hotel.

La sala del desayuno está en el primer sótano. Zumo de naranja, té, café, tostadas mantequilla, mermelada y cereales. Está llena de turistas como nosotros. Observamos el Planing. En mi cabeza sigue sonando la máquina de fotocopias mientras mis ojeras se echan unos bailes.

Directos a recepción. El inglés de Maku es mucho más fluido que el mío, así que dejo que ella tome la iniciativa. La chica de la recepción no está por la labor de cambiarnos ya de habitación a pesar de tener habitaciones libres. No doy crédito. Me meto en la conversación, quizá los nervios hayan hecho que mis palabras salgan disparadas de forma desordenada, pero el mensaje queda claro. La recepcionista se escuda en que no está autorizada para permitir un cambio de habitación antes de las 11. Esta tía no va a mover un dedo por nosotros. Finalmente la cosa queda en que nos vamos a nuestra habitación hasta las 9 de la mañana que entra el técnico de mantenimiento a trabajar. Subirá a nuestra habitación y estudiará el ruido. Esperamos pacientemente hasta las nueve mientras ponemos al día nuestras redes sociales. Nueve y cuarto, nueve y media... el tipo no viene. Estos tíos nos están jodiendo el viaje. Cojo el teléfono y llamo a recepción. La chica me entiende perfectamente, en diez minutos sube el técnico y la suerte se pone de nuestro lado; el ruido comienza a sonar de forma apoteósica. El técnico no tiene ni idea de por donde viene, sale al rellano, pasea por el pasillo. Y nos explica en un inglés muy claro que hagamos las maletas y que las dejemos preparadas. Va a tratar de arreglar el ruido y si no puede nos ubicará él mismo en otra habitación. Tengo la impresión de que aquí manda este Señor.




Al fin comenzamos nuestra jornada. Tenemos la parada de metro a 10 minutos del hotel. Nos hacemos con un Starbucks y nos zambullimos en el mundo subterráneo. Tenemos que coger la línea verde / amarilla. Esta línea nos confunde. Nos metemos en la dirección incorrecta. La gente mira flipada mi cámara de acción y su soporte. Maku se concentra en el plano del metro y yo voy grabando tomas para nuestro súper documental. Tras cada viaje solemos editar un vídeo con la aventura, ya tenemos: La ruta por la Costa Oeste del 2012, California 2013, Barcelona 2014, Málaga - Cádiz 2014 y esta será la última. Me encantaría poder enseñar estos vídeos algún día. Quizá en un futuro me plantee colgarlos en un canal de Youtube o Vevo, ya veremos. La verdad es que te queda un recuerdo muy bonito y exacto de lo que significa cada viaje, pero eso si, conlleva un trabajo increíble.

Al fin encontramos el rumbo correcto y al salir de la boca de metro nos damos de bruces con el Big Ben. La verdad es que impresiona bastante. Me vienen a la cabeza los dibujos de "La vuelta al mundo de Willy Fog", me viene Peter Pan volando sobre el inmenso reloj. Tuve la misma sensación hace cuatro años. El Big Ben impone. Una fina lluvia comienza a acariciar la ciudad tímidamente. Cruzamos el "Westminster Bridge" en busca de la toma y la foto perfecta. No hay mucha gente salvo japoneses, siempre hay japoneses vayas donde vayas.





Un mendigo aporrea una destartalada guitarra de cuatro cuerdas tratando de encontrar una melodía que no llega. El cielo es blanco y la humedad flota a lo largo del puente. Detrás el London Eye y sobre él planean decenas de gaviotas. Un grupo de patos surcan el Támesis totalmente ajenos al tránsito de buses rojos de aquí arriba. Paseamos por la ribera en busca de algo caliente. Damos con un puesto con café para llevar. Aquí encuentras un café para llevar prácticamente tras cualquier esquina. Lo regenta un Libanés. Me encanta esta ciudad, adoro la diversidad de sus gentes. Toda esta gente que inicia una vida aquí, carga en sus pies una historia. Eso es lo bonito de viajar, conocer culturas, gente que vive en lugares diferentes al tuyo y que te proporcionan un punto de vista diferente de la vida. Eso es algo que enriquece mucho.

En la Ribera no hay espectáculos callejeros como hace cuatro años. Quizá sea causa de la lluvia. Hay montadas unas casetas de madera adornadas con motivos navideños, en las que venden diferentes productos: golosinas, chocolates, peluches... llegamos a una caseta donde venden jerseys de ciervos y muñecos de nieve. Yo siempre que veo un jersey de ciervos me acuerdo del hermano de Maku, se lo digo y me dice sonriendo que a ella también le pasa. Asocio los jersey de ciervos calentitos con el bueno de Alberto, quizá sea porque hace un par de años el iba buscando uno.

La persona que está al cargo de la caseta de madera es un chavalillo español. Lleva aquí casi tres años y nos dice que no es que esté bien aquí en Londres, pero que su vida es mejor que la que tenía en España. Lo dice escondido detrás de una sonrisa que desprende algo de nostalgia: "Pasadlo bien chicos".

Esperaba encontrarme con algún tipo tocando en plena calle, pero la lluvia no invita a que nadie saque de la chistera una guitarra y nos deleite con su arte. Bajamos de nuevo al metro y nos dirigimos a "Covent Garden". El contraste del calor del metro con la temperatura que hace en el exterior es brutal. Sales del vagón sudando y de repente una volada de aire recorre los pasillos a mil kilómetros por hora, llegas a las escaleras mecánicas donde el calor aparece de nuevo y cuando sales al exterior el frío te coge desprevenido.




Nos fijamos mucho en los "looks" de la gente, en el "rollico" que decimos nosotros. Y aquí en London la gente tiene mucho "rollo" vistiendo. Sobre todo los negros¡¡¡ Los negros tienen un rollo increible. Yo venía con la idea de hacerme con un abrigo de tres cuartos verde o marrón, no se si daré con él, es la única prenda que me gustaría encontrar. La listas de "futuribles" compras de Maku es más extensa: Un abrigo, un sombrero y lo que surja.

Covent Garden está decorado cien por cien navideño y eso es algo que me encanta ( ya sabéis que soy un fan total de la Navidad). Se trata de un centro comercial con multitud de puestos de comida fuera, secundados por un enorme reno. Dentro hay una galería comercial donde enormes bolas navideñas cuelgan del techo. Hay varias alturas y es un lugar realmente encantador. Abajo hay un puesto que sirve paellas y que por cierto tiene un éxito tremendo. Covent Garden huele a paella y a Navidad. En los puestos de afuera hay multitud de comidas: china, india, tailandesa, italiana.... puedes encontrar lo que quieras. Me encanta el enorme árbol de Navidad que hay en la parte de atrás. Es inmenso.

Buscamos algún tipo de Souvenir que llevarnos a casa. Nos hacemos con un Imán y con una especie de salvavidas decorativo. Mi puesto favorito es uno que ofrece láminas de diferentes tamaños con imágenes de todo lo que puedas imaginar relacionado con el mundo de las series, el cine y grandes leyendas del rock: Breaking bad, los soprano, El gran Torino, The beatles, Sex Pistols, etc, ...

- ¿Dónde piensas colocar todas esas láminas?
- En el salón.
- Mike, en el salón no caben.
- ....

Fin de la historia ( las láminas se quedan en sus respectivas cajas).

Buscamos por la zona del Soho un "Five Guys"; hamburguesería que nos recomendó nuestra amiga Cris Flower. Damos con ella rápido. Se trata de un lugar con aspecto de diner y donde curiosamente hay enormes sacos de cacahuetes amontonados en la entrada del restaurante. Me encantaría resolver el enigma de los cacahuetes pero tengo demasiado hambre. El sitio esta lleno de gente: grupos de gente joven, ejecutivos en su hora de la comida,... doy con una mesa vacía en la planta de abajo. Al rato aparece Maku con una bandeja, un par de hamburguesas, dos refrescos y ciento veinticinco mil patatas esparcidas sobre la bandeja. La hamburguesa está deliciosa. "Five Guys" es una cadena americana que nace de forma humilde en Washington y de ahí al resto del mundo. Justo en la mesa de al lado obtengo un resumen de lo que es Londres: Diversidad. Un grupo formado por ocho jóvenes estudiantes devoran sus respectivas hamburguesas: Dos asiáticos, dos italianos, un indio, un chico negro y dos caucásicos. Cinco razas alrededor de una mesa compartiendo patatas, eso debería ser el mundo.






Con la panza llena de calorías y colesterol caminamos rumbo a Picadilly Circus. Uno de los epicentros de Londres. La estatua de Eros está tapada. Hay mucho ajetreo. Gente entrando y saliendo del metro, tráfico y la ya típica estampa navideña asomando tras cada esquina. En la bifurcación de dos calles tres tipos hacen versiones instrumentales de clásicos del Rock: AC / DC, Beatles, Pink Floyd... esos tíos tocan muy bien y están entrados en años ya que ninguno de ellos creo que baje de los cuarenta y cinco.

Nos damos una vuelta por "Cool Britannia"y nos hacemos con una placa de calle que simula ser la de Picadilly y una pegatina de "Los pollos hermanos" que pienso colocar en el coche tan pronto llegue a casa.

Pasamos por "Carnaby Street" en pleno corazón del Soho bajo un millón de luces navideñas. Aparece una tienda Vans y decido entrar. La música se para, la vida transcurre a cámara lenta y de repente ahí esta él, mi abrigo, colgando de una percha y tirándome descaradamente los tejos. Me silba, me guiña un ojo, me toca el trasero y yo me dejo seducir. Es lo que buscaba: mi tres cuartos verde. Maku me dice que me lo pruebe, le hago caso y cuando me quiero dar cuenta mi abrigo descansa en el interior de una enorme bolsa de plástico. Nos regalan un reloj de pulsera muy chulo.

La lluvia juega al escondite con nosotros a ratos se asoma y a ratos se esconde En cualquier caso se trata de una lluvia muy fina que no resulta molesta. Cuando vienes a Londres cuentas con que la lluvia sea una pieza más del puzzle de esta ciudad. Vienes mentalizado.

Nos adentramos en lo más profundo del Soho. El amor es totalmente libre y muchas de las terracitas que se ven están pobladas de gays. Abundan las barberías y la gente con  estilo. El Soho siempre tiene un punto especial. En las esquinas pueden verse las típicas tabernas donde puedes degustar una pinta por unas 4 ó 5 libras. Nos topamos con una pequeña tienda en una de las esquinas del distrito. En su escaparate vemos ropa estilo vintage y está decorado con discos de vinilo. Entramos. El chico que atiende la minúscula tienda es un chaval muy enrollado que nos explica que todos los diseños son exclusivos y que cada camisa, cada vestido, cada jersey están diseñados y confeccionados por ellos mismos. Las paredes están adornadas con soldaditos de juguete y con pequeños coches antiguos. El suelo está decorado con discos de vinilo, es sin duda una de las tiendas más originales que he visto nunca. Maku se hace con un bonito jersey con flamencos. Maku es mucho de flamencos y ese jersey es como si se lo hubiesen diseñado exclusivamente a ella.







 Buscamos en el corazón del Soho "Muriel´s Kitchen", un lugar que recomendaban en internet e instagram y donde dicen que sirven la mejor Carrot Cake del mundo y claro, no podíamos dejar escapar la oportunidad de probarla. Finalmente damos con ella en Old Compton Street. El sitio es precioso, está decorado de forma muy elegante y acogedor. Te sientes en casa. Nos sentamos frente a las cristaleras y nos aventuramos con una enorme porción de tarta de zanahoria. No soy ningún experto en tartas de zanahoria ni mucho menos, pero si algún día tenéis la ocasión y pasáis por el Soho de Londres, no dejéis de probar este manjar. Es exquisito¡¡




Recorremos Oxford Street en busca de un sombrero para Maku. El calor en las tiendas en infernal y contrasta radicalmente con el frío de la calle. En Londres los sombreros son tendencia pero no hay en ninguna tienda y los que hay o son muy grandes o no son del color que buscamos. Hoy no es el día del sombrero.

El cansancio se agarra fuertemente a mis piernas y se empeña en no dejarme caminar, me pasa factura no haber descansado bien esta noche.  Consigo arrastrarme a duras penas hasta que decidimos buscar un lugar donde cenar. Nos decantamos por un Fish and Chips en uno de los cientos de restaurantes del Soho. Nos atiende un camarero que podría ser el doble de Justin Bieber. Nos cuenta que estuvo cinco años estudiando en Marbella pero que apenas aprendió español porque solo se relacionaba con turistas y gente de su misma lengua. Su español es bastante peor que nuestro inglés ( las clases de inglés están dando sus frutos).

El Fish and chips consiste en un enorme pescado rebozado acompañado de patatas. El pez apenas cabe en el plato, es gigante¡¡ Con cierto esfuerzo conseguimos acabar con él.

Junto a las mesas que están situadas más a la pared hay una especie de gramola. Suenan los Beatles, Robbie Williams, los Stones.... pagamos y volvemos al mundo subterráneo en busca de un metro que nos lleve directos a Bayswater, nuestra parada.

Enlazamos dos líneas de metro y en poco más de veinte minutos estamos en nuestra estación. La lluvia a vuelto a aparecer. Llegamos cargados de bolsas y empapados a la recepción. Hoy hay un tipo nuevo, es su primer día. Nos dice que el ruido está reparado y que la 406 sigue siendo nuestra habitación. Le pregunto que si está seguro: " Eso dice aquí", dice señalado la pantalla del ordenador.

Maku y yo subimos a la habitación deseando que la sospecha de que el ruido no está reparado y nos están dando largas no se cumpla. No se cumple. El ruido no suena. Ahora solo falta arreglar el problema de la cama. Cambiamos la orientación del somier y le damos la vuelta al colchón. Sigue teniendo forma de "U" pero está algo más cómodo. A mi, tras la noche que he pasado hoy, hasta la cama de un Fakir me vale.

La lluvia araña los cristales al otro lado de la ventana. El radiador continua sin funcionar. Los pasos crujen al otro lado de la puerta, pero "la máquina de fotocopias" ya no está en el cabecera de nuestra cama. Ahora todo mal que pueda haber es un mal menor. Caigo redondo. Good Night¡¡



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