domingo, 28 de diciembre de 2014

LONDRES. DÍA 4.



Hoy ha sido el día que mejor he dormido. Mi cuerpo ya se ha acostumbrado a la incómoda curva del colchón. El despertador suena una hora antes de lo habitual. Mi cabeza se queda en blanco un par de minutos observando la ya habitual estampa invernal: " Venga Mike, que nos tenemos que ir".

El zumo del desayuno es vomitivo, pero soy adicto a él. Cuando desayuno en hoteles soy incapaz de no beber el zumo de polvos ( similar al mítico Tang).

Hoy vamos a Camden. Tres líneas de metro nos separan del mítico mercadillo.




Nada más salir del metro nos damos de bruces con una zapatería en cuya entrada hay una interminable cola de gente ( la mayoría de color). Ofrecen buenos descuentos y suelen agotarse las zapatillas de moda, sobre todo marca Nike y New Balance. Todavía se puede caminar tranquilo. Es muy temprano.

Localizamos un Starbucks. Será nuestro cuartel general. Nuestro lugar para entrar en calor y poder ir al servicio. Nos hacemos con un par de "Chai Lates" ( el gran descubrimiento de este viaje). A través de la ventana diviso la cada vez más poblada marabunta que cruza el puente sobre el canal.

En los puestos de comida nada más cruzar el canal , solo se escucha la grave voz de un asiático que te invita a probar su cerdo frito. El tipo tiene carisma, puedes comer una bandeja a rebosar de comida asiática por escasas cuatro libras ( bebida incluida). Justo al lado los asientos de diversas motocicletas hacen de terraza con vistas al canal. Decidimos volver después a comer aquí.

Nos adentramos en el grueso de Camden. Pasillos interminables y tiendas escondidas con la moda más atrevida hacen de este antiguo establo un lugar perfecto en el que perderte. En una de las tiendas venden una especie de bota de agua transparente donde puedes lucir tus calcetines. La idea me parece muy original.






Maku se hace con unos zapatos muy vintage, muy años cincuenta. Yo me pruebo un par de camisetas en una tienda muy friki que regenta una servicial japonesa. Me ha dado por las camisetas hiperlargas y la mayoría de las que veo son cortitas. Una lástima, ya que no se encuentra todos los días una camiseta de los "Masters del Universo".

En camden cualquier cosa es posible. Manteniendo las distancias, me recuerda al paseo de Venice Beach de Los Ángeles. La extravagancia camina con la cabeza muy alta y sin pudor alguno. Punkis con crestas interminables, góticos embutidos en ropa negra y siniestra, fanáticos del Manga, .... Los lugares que hacen de su bandera la diversidad me encantan y Camden es uno de ellos.

El hambre nos lleva directos al asiático que hemos visto nada más llegar al mercadillo. Nos hacemos con un par de bandejas a rebosar de comida asiática y nos sentamos en las motos con vistas al canal. Un par de gaviotas nos entretienen mientras se pelean entre ellas por un trocito de cerdo agridulce.




Decidimos volver al Hotel a descansar un rato. Los días aquí se estiran como un chicle, desde que llegamos hemos salido temprano de Paddington y no volvíamos hasta bien pasada la hora de cenar. Hoy descansamos un par de horas para abordar con fuerza la tarde.

En el hotel hay más movimiento, se nota que el fin de semana está encima. Salimos de nuevo a las cinco. En el cielo son las once de la noche y la niebla no deja ver las estrellas. El vaho escapa a toda velocidad de nuestras bocas, hoy no va a llover.

En poco más de un cuarto de hora estamos en la Oxford Street. Nos ha parecido buena idea venir ya que hoy es el "black friday" y puedes encontrar suculentos descuentos en las tiendas. La avenida está colapsada de gente buscando su particular ganga. Maku ha encontrado en Candem sus zapatos pero ahora va en busca de un abrigo así anchote. Aquí lo llevan muchas chicas. Tiene un rollazo brutal.

Apenas se puede caminar. De una de las tiendas sale una señora, que siendo generoso no tendrá menos de setenta años. Es la primera anciana que veo en Londres, la ciudad está poblada de gente joven y de mediana edad, pero no es frecuente ver gente mayor. Esta mujer será casi octogenaria pero su look es totalmente juvenil: Pelo rosa, abrigo de Leopardo, unas New Balance en sus pies y un cigarrillo colgando de sus labios. La señora desborda un carisma increíble y mantiene intacta su sonrisa a la vez que recita algo en voz alta. Se trata de una de esas personas a la que le harías mil preguntas, saber donde vive, que hace, como es..... si, soy un periodista frustrado y me hubiese encantado saber más de esa increíble dama, pero la marabunta nos arrastra calle abajo sin tener la opción de pararnos. La única salida es desviarnos al interior del centenar de tiendas que van quedando a nuestra derecha. Tras entrar en la mayoría de ellas, no damos con el abrigo, o bien por el color o bien por la talla, no llega nuestra oportunidad.

Comienzan a caer copos de nieve. Está nevando¡¡¡ La estampa es preciosa, los copos caen lentamente dejando arriba la iluminación navideña. Uno de los copos cae en mi mano y no está frío. Maku y yo nos miramos extrañados hasta que vemos unos surtidores junto al alumbrado, es nieve artificial. Si, nos han engañado, pero me ha encantado la trampa. Sería bonito importar esta idea en Zaragoza. Ya veo el Paseo de la Independencia con nieve cada diciembre y el cierzo extendiendo por toda la ciudad los copos. Señor alcalde, desde aquí le invito a que tome nota y haga aun más bonita nuestra Navidad.

Antes de volver al Hotel, nos metemos en un Nando´s a cenar. El pollo que sirven en esta cadena está exquisito, si venís a Londres os aconsejo comer o cenar aquí. La relación calidad precio es muy buena. Tras devorar un cuarto de pollo con guarnición volvemos a "casa".

El tránsito al otro lado de la puerta se ha multiplicado por diez. Decenas de maletas se deslizan sobre el crujiente suelo enmoquetado. El ascensor hace horas extras. Me enchufo los tapones en las orejas y mañana al fin veremos Portobello; visita fallida en el 2010. Good Night ¡¡¡






martes, 23 de diciembre de 2014

LONDRES. DÍA 3.

Otra mañana más la ventana de la habitación está cubierta de vaho, el calor de dentro y el frío de fuera nos regalan una estampa muy invernal. El insoportable ruido de la noche anterior no ha dado señales de vida, tan solo se escucha el crujido del suelo bajo los pasos de los huéspedes que van camino del ascensor. La calle continua mojada cuatro plantas más abajo.

El saloncito del desayuno está abarrotado. Una pareja de Madrid se sienta junto a nosotros. Su primera vez en Londres para él y la segunda para ella. 

Un zumo, un café, un par de tostadas y un tazón de cereales después, nos ponemos en marcha rumbo al "Hyde Park". Decidimos ir caminando ya que nuestro Hotel está a escasos quince minutos. Yo me declaro un auténtico fan de este parque, me encanta su humedad, sus zonas verdes ( muy verdes), su lago, lo bien cuidado que está... Mi parque favorito del mundo mundial ( por encima del mítico Central Park de Nueva York).

Nos dirigimos al lago esperando encontrarnos de camino con alguna ardilla. Si, también soy muy fan de las ardillas, yo creo que junto con las gaviotas son mis animales favoritos. No tardamos nada en dar con ellas, a escasos 50 metros de la entrada del parque una familia de ardillas olfatea a toda velocidad la explanada verde en busca de algo de comer. Les ofrecemos pan, pero la competencia es feroz; cuervos, palomas, gorriones.... y cuando están a punto de comer de nuestra mano un enorme perro viene disparado hacia nosotros tratando de almorzarse a una de las simpáticas ardillas, que escapa a la velocidad de la luz árbol arriba. Ser ardilla es un trabajo realmente estresante en "Hyde Park". Mucha competencia para conseguir "tu premio" y cuando crees que estás a punto de conseguirlo aparece algo o alguien más grande que tú y debes resignarte a no conseguirlo. Nuestra ardilla se ríe de esta metáfora de la vida y dando esquinazo al chucho baja rápido del árbol y se lleva nuestra trocito de pan. Si, en la vida al final al siempre ganan los buenos, aunque a veces cueste más de la cuenta.




El crujido de las hojas secas bajo nuestras suelas son la banda sonora del Parque. Llegamos al lago. Hoy no están puestas las famosas tumbonas, hace bastante frío, pero es un frío moderado, nada que ver al gélido cierzo de Zaragoza en esta época del año.

El lago está lleno de patos, dentro y fuera del agua. Maku saca uno de los trocitos de pan que lleva en la mochila. En un abrir de ojos estamos rodeados de patos reclamando su ración. Solo se escucha Cua Cua. Somos el flautista de Hamelin y una docena de turistas se dedica a hacernos fotos mientras caminamos bordeando el lago perseguidos por medio centenar de aves. Uno de los cisnes casi me arranca un dedo, la japonesa de las gafitas rosas sufre un ataque de risa.




Tras el festival del pato, nos despedimos de nuestro público y vamos al Kiosco de la entrada en busca de un café caliente. El camarero nos cuenta que el "chiringuito" está abierto todos los días del año, llueva o nieve. El café que sirven es tipo Starbucks. Me encanta la cultura del "Take Away".

A la salida del metro nos encontramos con la melodía acústica de la guitarra de un tipo, que escondido bajo un enorme sombrero negro busca su público. Me hubiese quedado toda la mañana escuchando sus canciones pero Londres nos llama. Salimos al mundo "exterior" en la estación de Knightsbridge, nos hacemos con una enorme porción de pizza que engullimos bajo los adornos navideños. El escaparate de Harrods es increíble. La Navidad se vive a lo grande en London.




Recorremos una a una las tiendas de Knightsbridge hasta que el cansancio y el frío nos mandan directos a un Starbucks que se encuentra en lo alto de la avenida. La vista es espectacular. Un par de "Chai lates" nos hacen entrar en calor. El Starbucks está abarrotado de gente, la mayoría con sus portátiles. Un tipo duerme al final de la hilera de sillones. A su lado un tipo negro con unas enormes gafas de pasta teclea algo en su MacBook, observa mucho a la gente buscando inspiración. En la mesa de al lado una chica con el pelo recogido en una coleta escribe a lápiz algo parecido a una poesía. Mi imaginación vuela y salgo de allí pensando que el tipo negro es un escritor y la chica una compositora de canciones.

Al salir gastamos nuestra última bala en un par de tiendas que antes no habíamos visto en busca del sombrero y ahí está. Sobre una estantería, escondido entre dos montañas de jeseys perfectamente plegados.

Volvemos al Hyde Park. Concretamente al "Winter Wonderland". Una especie de feria que montan cada año aquí. En "Winter Wonderland" es más Navidad que nunca. Cientos de puestos de comida, atracciones, y los reyes de las garitas son los Minions, hay minions por todas partes como premio a tu destreza colando balones en una canasta diminuta, tirando botes o pescando patitos de goma. Suenan Suede, suenan los Blur, suena Oasis... Dios como me gusta Inglaterra¡¡¡

El cielo está completamente negro. La niebla se adueña del parque, le digo a Maku que igual es hora de cenar:

- Pero tú que hora te crees que es?
- No sé, ¿las ocho?
- Las cuatro de la tarde¡¡¡

La oscuridad me ha engañado. Son las cuatro de la tarde y el cielo se disfraza de madrugada. Decidimos comer algo. Yo hago fila para coger uno de los enormes pinchos morunos de la garita que atienden dos chavales disfrazados de Elfos y Maku va  a la otra barra en busca de dos pintas. El camarero le pide el carné, o lo que es lo mismo, le está echando doce años menos de los que tiene; un piropo en toda regla. El camarero alucina cuando ve que Maku tiene 33 años. Siempre nos ocurre lo mismo, la gente falla siempre al calcular nuestra edad. En Inglaterra puedes consumir alcohol a partir de los 21 años.

El pincho está exquisito. A nuestro lado un grupo de italianos degustar unas hamburguesas. Justo en frente hay un bar dentro de un tío vivo. Puedes tomarte la cerveza mientras giras una y otra vez al compás de música británica. Antes de salir del parque nos hacemos con un delicioso pretzel de queso y bacon.



Cogemos de nuevo el metro y nos desplazamos a "Covent Garden". El ambiente navideño es increíble. Hay mucha más gente que el otro día. Damos una vuelta por los diferentes puestos y el cansancio no nos da tregua. Londres agota, agota mucho. Volvemos a nuestro barrio; Paddington,  en busca de algo para cenar. Entramos en un local donde sirven hamburguesas Gourmet. En la mesa de al lado una chica pide la cuenta mientras rebaña lentamente las patatas en la salsa. La hamburguesa no pasará a la historia en nuestro ranking particular ( donde sigue mandando aquella virguería culinaria de Sausalito; San Francisco) pero estaba buena.

Antes de volver al Hotel nos hacemos con un par de botellas de agua. Hoy hemos comido pizza, pinchos morunos, pretzel y una hamburguesa... la paliza a la dieta sana está siendo espectacular. Ya habrá tiempo de volver a la dieta habitual baja en grasas. Pero este no es el momento.

Me quito la ropa con dificultad, hoy no tengo tiempo de pasar las fotos y vídeos al ordenador, el cansancio y el sueño tienen demasiada prisa por meterse en nuestra cama. Olvido ducharme. Caigo redondo. Comienza a llover al otro lado del vaho de la ventana. Good night¡¡¡





domingo, 7 de diciembre de 2014

LONDRES. DÍA 2.

No ha sido mi mejor noche. Apenas he podido dormir. Un ruido insoportable ha estado dando tumbos por toda la habitación de forma intermitente durante toda la noche. Ha sido como tener una máquina de fotocopias en la cabecera de la cama. A eso tenemos que añadirle que el colchón tenía forma de "U" y Maku y yo parecíamos los ingredientes de una de esas fajitas mexicanas. Mi cabreo es monumental. Decidimos ir a desayunar y tratar el tema después más calmados con la recepción del hotel.

La sala del desayuno está en el primer sótano. Zumo de naranja, té, café, tostadas mantequilla, mermelada y cereales. Está llena de turistas como nosotros. Observamos el Planing. En mi cabeza sigue sonando la máquina de fotocopias mientras mis ojeras se echan unos bailes.

Directos a recepción. El inglés de Maku es mucho más fluido que el mío, así que dejo que ella tome la iniciativa. La chica de la recepción no está por la labor de cambiarnos ya de habitación a pesar de tener habitaciones libres. No doy crédito. Me meto en la conversación, quizá los nervios hayan hecho que mis palabras salgan disparadas de forma desordenada, pero el mensaje queda claro. La recepcionista se escuda en que no está autorizada para permitir un cambio de habitación antes de las 11. Esta tía no va a mover un dedo por nosotros. Finalmente la cosa queda en que nos vamos a nuestra habitación hasta las 9 de la mañana que entra el técnico de mantenimiento a trabajar. Subirá a nuestra habitación y estudiará el ruido. Esperamos pacientemente hasta las nueve mientras ponemos al día nuestras redes sociales. Nueve y cuarto, nueve y media... el tipo no viene. Estos tíos nos están jodiendo el viaje. Cojo el teléfono y llamo a recepción. La chica me entiende perfectamente, en diez minutos sube el técnico y la suerte se pone de nuestro lado; el ruido comienza a sonar de forma apoteósica. El técnico no tiene ni idea de por donde viene, sale al rellano, pasea por el pasillo. Y nos explica en un inglés muy claro que hagamos las maletas y que las dejemos preparadas. Va a tratar de arreglar el ruido y si no puede nos ubicará él mismo en otra habitación. Tengo la impresión de que aquí manda este Señor.




Al fin comenzamos nuestra jornada. Tenemos la parada de metro a 10 minutos del hotel. Nos hacemos con un Starbucks y nos zambullimos en el mundo subterráneo. Tenemos que coger la línea verde / amarilla. Esta línea nos confunde. Nos metemos en la dirección incorrecta. La gente mira flipada mi cámara de acción y su soporte. Maku se concentra en el plano del metro y yo voy grabando tomas para nuestro súper documental. Tras cada viaje solemos editar un vídeo con la aventura, ya tenemos: La ruta por la Costa Oeste del 2012, California 2013, Barcelona 2014, Málaga - Cádiz 2014 y esta será la última. Me encantaría poder enseñar estos vídeos algún día. Quizá en un futuro me plantee colgarlos en un canal de Youtube o Vevo, ya veremos. La verdad es que te queda un recuerdo muy bonito y exacto de lo que significa cada viaje, pero eso si, conlleva un trabajo increíble.

Al fin encontramos el rumbo correcto y al salir de la boca de metro nos damos de bruces con el Big Ben. La verdad es que impresiona bastante. Me vienen a la cabeza los dibujos de "La vuelta al mundo de Willy Fog", me viene Peter Pan volando sobre el inmenso reloj. Tuve la misma sensación hace cuatro años. El Big Ben impone. Una fina lluvia comienza a acariciar la ciudad tímidamente. Cruzamos el "Westminster Bridge" en busca de la toma y la foto perfecta. No hay mucha gente salvo japoneses, siempre hay japoneses vayas donde vayas.





Un mendigo aporrea una destartalada guitarra de cuatro cuerdas tratando de encontrar una melodía que no llega. El cielo es blanco y la humedad flota a lo largo del puente. Detrás el London Eye y sobre él planean decenas de gaviotas. Un grupo de patos surcan el Támesis totalmente ajenos al tránsito de buses rojos de aquí arriba. Paseamos por la ribera en busca de algo caliente. Damos con un puesto con café para llevar. Aquí encuentras un café para llevar prácticamente tras cualquier esquina. Lo regenta un Libanés. Me encanta esta ciudad, adoro la diversidad de sus gentes. Toda esta gente que inicia una vida aquí, carga en sus pies una historia. Eso es lo bonito de viajar, conocer culturas, gente que vive en lugares diferentes al tuyo y que te proporcionan un punto de vista diferente de la vida. Eso es algo que enriquece mucho.

En la Ribera no hay espectáculos callejeros como hace cuatro años. Quizá sea causa de la lluvia. Hay montadas unas casetas de madera adornadas con motivos navideños, en las que venden diferentes productos: golosinas, chocolates, peluches... llegamos a una caseta donde venden jerseys de ciervos y muñecos de nieve. Yo siempre que veo un jersey de ciervos me acuerdo del hermano de Maku, se lo digo y me dice sonriendo que a ella también le pasa. Asocio los jersey de ciervos calentitos con el bueno de Alberto, quizá sea porque hace un par de años el iba buscando uno.

La persona que está al cargo de la caseta de madera es un chavalillo español. Lleva aquí casi tres años y nos dice que no es que esté bien aquí en Londres, pero que su vida es mejor que la que tenía en España. Lo dice escondido detrás de una sonrisa que desprende algo de nostalgia: "Pasadlo bien chicos".

Esperaba encontrarme con algún tipo tocando en plena calle, pero la lluvia no invita a que nadie saque de la chistera una guitarra y nos deleite con su arte. Bajamos de nuevo al metro y nos dirigimos a "Covent Garden". El contraste del calor del metro con la temperatura que hace en el exterior es brutal. Sales del vagón sudando y de repente una volada de aire recorre los pasillos a mil kilómetros por hora, llegas a las escaleras mecánicas donde el calor aparece de nuevo y cuando sales al exterior el frío te coge desprevenido.




Nos fijamos mucho en los "looks" de la gente, en el "rollico" que decimos nosotros. Y aquí en London la gente tiene mucho "rollo" vistiendo. Sobre todo los negros¡¡¡ Los negros tienen un rollo increible. Yo venía con la idea de hacerme con un abrigo de tres cuartos verde o marrón, no se si daré con él, es la única prenda que me gustaría encontrar. La listas de "futuribles" compras de Maku es más extensa: Un abrigo, un sombrero y lo que surja.

Covent Garden está decorado cien por cien navideño y eso es algo que me encanta ( ya sabéis que soy un fan total de la Navidad). Se trata de un centro comercial con multitud de puestos de comida fuera, secundados por un enorme reno. Dentro hay una galería comercial donde enormes bolas navideñas cuelgan del techo. Hay varias alturas y es un lugar realmente encantador. Abajo hay un puesto que sirve paellas y que por cierto tiene un éxito tremendo. Covent Garden huele a paella y a Navidad. En los puestos de afuera hay multitud de comidas: china, india, tailandesa, italiana.... puedes encontrar lo que quieras. Me encanta el enorme árbol de Navidad que hay en la parte de atrás. Es inmenso.

Buscamos algún tipo de Souvenir que llevarnos a casa. Nos hacemos con un Imán y con una especie de salvavidas decorativo. Mi puesto favorito es uno que ofrece láminas de diferentes tamaños con imágenes de todo lo que puedas imaginar relacionado con el mundo de las series, el cine y grandes leyendas del rock: Breaking bad, los soprano, El gran Torino, The beatles, Sex Pistols, etc, ...

- ¿Dónde piensas colocar todas esas láminas?
- En el salón.
- Mike, en el salón no caben.
- ....

Fin de la historia ( las láminas se quedan en sus respectivas cajas).

Buscamos por la zona del Soho un "Five Guys"; hamburguesería que nos recomendó nuestra amiga Cris Flower. Damos con ella rápido. Se trata de un lugar con aspecto de diner y donde curiosamente hay enormes sacos de cacahuetes amontonados en la entrada del restaurante. Me encantaría resolver el enigma de los cacahuetes pero tengo demasiado hambre. El sitio esta lleno de gente: grupos de gente joven, ejecutivos en su hora de la comida,... doy con una mesa vacía en la planta de abajo. Al rato aparece Maku con una bandeja, un par de hamburguesas, dos refrescos y ciento veinticinco mil patatas esparcidas sobre la bandeja. La hamburguesa está deliciosa. "Five Guys" es una cadena americana que nace de forma humilde en Washington y de ahí al resto del mundo. Justo en la mesa de al lado obtengo un resumen de lo que es Londres: Diversidad. Un grupo formado por ocho jóvenes estudiantes devoran sus respectivas hamburguesas: Dos asiáticos, dos italianos, un indio, un chico negro y dos caucásicos. Cinco razas alrededor de una mesa compartiendo patatas, eso debería ser el mundo.






Con la panza llena de calorías y colesterol caminamos rumbo a Picadilly Circus. Uno de los epicentros de Londres. La estatua de Eros está tapada. Hay mucho ajetreo. Gente entrando y saliendo del metro, tráfico y la ya típica estampa navideña asomando tras cada esquina. En la bifurcación de dos calles tres tipos hacen versiones instrumentales de clásicos del Rock: AC / DC, Beatles, Pink Floyd... esos tíos tocan muy bien y están entrados en años ya que ninguno de ellos creo que baje de los cuarenta y cinco.

Nos damos una vuelta por "Cool Britannia"y nos hacemos con una placa de calle que simula ser la de Picadilly y una pegatina de "Los pollos hermanos" que pienso colocar en el coche tan pronto llegue a casa.

Pasamos por "Carnaby Street" en pleno corazón del Soho bajo un millón de luces navideñas. Aparece una tienda Vans y decido entrar. La música se para, la vida transcurre a cámara lenta y de repente ahí esta él, mi abrigo, colgando de una percha y tirándome descaradamente los tejos. Me silba, me guiña un ojo, me toca el trasero y yo me dejo seducir. Es lo que buscaba: mi tres cuartos verde. Maku me dice que me lo pruebe, le hago caso y cuando me quiero dar cuenta mi abrigo descansa en el interior de una enorme bolsa de plástico. Nos regalan un reloj de pulsera muy chulo.

La lluvia juega al escondite con nosotros a ratos se asoma y a ratos se esconde En cualquier caso se trata de una lluvia muy fina que no resulta molesta. Cuando vienes a Londres cuentas con que la lluvia sea una pieza más del puzzle de esta ciudad. Vienes mentalizado.

Nos adentramos en lo más profundo del Soho. El amor es totalmente libre y muchas de las terracitas que se ven están pobladas de gays. Abundan las barberías y la gente con  estilo. El Soho siempre tiene un punto especial. En las esquinas pueden verse las típicas tabernas donde puedes degustar una pinta por unas 4 ó 5 libras. Nos topamos con una pequeña tienda en una de las esquinas del distrito. En su escaparate vemos ropa estilo vintage y está decorado con discos de vinilo. Entramos. El chico que atiende la minúscula tienda es un chaval muy enrollado que nos explica que todos los diseños son exclusivos y que cada camisa, cada vestido, cada jersey están diseñados y confeccionados por ellos mismos. Las paredes están adornadas con soldaditos de juguete y con pequeños coches antiguos. El suelo está decorado con discos de vinilo, es sin duda una de las tiendas más originales que he visto nunca. Maku se hace con un bonito jersey con flamencos. Maku es mucho de flamencos y ese jersey es como si se lo hubiesen diseñado exclusivamente a ella.







 Buscamos en el corazón del Soho "Muriel´s Kitchen", un lugar que recomendaban en internet e instagram y donde dicen que sirven la mejor Carrot Cake del mundo y claro, no podíamos dejar escapar la oportunidad de probarla. Finalmente damos con ella en Old Compton Street. El sitio es precioso, está decorado de forma muy elegante y acogedor. Te sientes en casa. Nos sentamos frente a las cristaleras y nos aventuramos con una enorme porción de tarta de zanahoria. No soy ningún experto en tartas de zanahoria ni mucho menos, pero si algún día tenéis la ocasión y pasáis por el Soho de Londres, no dejéis de probar este manjar. Es exquisito¡¡




Recorremos Oxford Street en busca de un sombrero para Maku. El calor en las tiendas en infernal y contrasta radicalmente con el frío de la calle. En Londres los sombreros son tendencia pero no hay en ninguna tienda y los que hay o son muy grandes o no son del color que buscamos. Hoy no es el día del sombrero.

El cansancio se agarra fuertemente a mis piernas y se empeña en no dejarme caminar, me pasa factura no haber descansado bien esta noche.  Consigo arrastrarme a duras penas hasta que decidimos buscar un lugar donde cenar. Nos decantamos por un Fish and Chips en uno de los cientos de restaurantes del Soho. Nos atiende un camarero que podría ser el doble de Justin Bieber. Nos cuenta que estuvo cinco años estudiando en Marbella pero que apenas aprendió español porque solo se relacionaba con turistas y gente de su misma lengua. Su español es bastante peor que nuestro inglés ( las clases de inglés están dando sus frutos).

El Fish and chips consiste en un enorme pescado rebozado acompañado de patatas. El pez apenas cabe en el plato, es gigante¡¡ Con cierto esfuerzo conseguimos acabar con él.

Junto a las mesas que están situadas más a la pared hay una especie de gramola. Suenan los Beatles, Robbie Williams, los Stones.... pagamos y volvemos al mundo subterráneo en busca de un metro que nos lleve directos a Bayswater, nuestra parada.

Enlazamos dos líneas de metro y en poco más de veinte minutos estamos en nuestra estación. La lluvia a vuelto a aparecer. Llegamos cargados de bolsas y empapados a la recepción. Hoy hay un tipo nuevo, es su primer día. Nos dice que el ruido está reparado y que la 406 sigue siendo nuestra habitación. Le pregunto que si está seguro: " Eso dice aquí", dice señalado la pantalla del ordenador.

Maku y yo subimos a la habitación deseando que la sospecha de que el ruido no está reparado y nos están dando largas no se cumpla. No se cumple. El ruido no suena. Ahora solo falta arreglar el problema de la cama. Cambiamos la orientación del somier y le damos la vuelta al colchón. Sigue teniendo forma de "U" pero está algo más cómodo. A mi, tras la noche que he pasado hoy, hasta la cama de un Fakir me vale.

La lluvia araña los cristales al otro lado de la ventana. El radiador continua sin funcionar. Los pasos crujen al otro lado de la puerta, pero "la máquina de fotocopias" ya no está en el cabecera de nuestra cama. Ahora todo mal que pueda haber es un mal menor. Caigo redondo. Good Night¡¡



lunes, 1 de diciembre de 2014

LONDRES. DÍA 1.

Parecía que no iba a llegar nunca, pero aquí estamos, en el diminuto aeropuerto de Zaragoza a punto de embarcar rumbo a Londres. Nos despedimos del Gran Alberto ( Papá de Maku) que nos ha hecho el favor de acercarnos, y nos situamos muy cerca de la salida de embarque. Es frecuente en Ryanair que si el vuelo va muy lleno te hagan facturar la maleta si eres de los últimos en subir, así que nos colocamos en la fila los primeros tan pronto vemos que los operarios dan forma a las filas. Multitud de gente rodean la sala. Si el vuelo no se llena le va a faltar muy muy poco.

Se nos hace muy raro el ir de casa directamente al aeropuerto ya que la mayoría de los viajes solemos iniciarlos desde Madrid. Es extraño no coger un ave, no cruzar Barajas, no ver la T4... Ayer decía el periódico que Zaragoza era el tercer aeropuerto de España en expedición de mercancías muy muy cerca  del aeropuerto de Barcelona debido a su situación. Ojalá se aprovechase esa "ubicación" para fomentar los vuelos de pasajeros. Es hipercómodo volar desde tu propia ciudad. Lectores de Madrid, Barcelona o Málaga, no sabéis la suerte que tenéis de contar con un aeropuerto con multitud de destinos.








Justo antes de que abran la puerta para que los pasajeros VIP comiencen a entrar, nos llega un Whatsapp: "Os acabáis de marchar y ya os echo de menos". El padre de Maku es grandísimo y a mí estás cosas me hacen llorar. Trato de disimular observando entrar a los VIPS. Al fin nos toca.

Me toca junto a la ventanilla, a mi lado Maku y el tercer asiento queda libre, así no molestamos a nadie para ir al servicio ( el gran handicap de ir en ventanilla, el resto son todo ventajas). El avión despega y el cielo se pinta de mil colores para despedirnos. Es impresionante el detalle que la madre naturaleza tiene con nosotros, a veces es suficiente con mirar hacía arriba para encontrar algo bello.




Un hombre de mediana edad escondido bajo una cabellera de rizos grisáceos, ahoga su pánico a volar en un Gin Tonic. Las tres chicas que van sentadas detrás nuestro planifican al detalle todo lo que esperan encontrar en Camden. La angelical mirada de un niño trata de abarcar todo lo posible en su primer vuelo, yo me siento como él cada vez que subo a un avión. Volar es mágico.

Buceo en la "Rollingstone Magazine" y me pierdo en un gran articulo sobre el viejo Dylan. Cuando me quiero dar cuenta hemos llegado. Nuestro paseo por las nubes ha durado una hora y media escasa.

Tras bajar del avión recorremos el Stansted Airport a toda velocidad hasta que llegamos a la cola de control de inmigración. Una fila inmensa que avanza más o menos rápido. Tras pasar inmigración cogemos algo de comida para el autobús. Lo más a mano es un Burguer King que está dentro del propio aeropuerto. Aquí comienza de forma oficial la paliza a nuestra sana dieta.

No tengo buenos recuerdos de este Aeropuerto, hace cuatro años, tras la explosión del famoso volcán islandés que paralizó el tráfico aéreo de toda Europa, tuvimos que hacer noche aquí y comenzar a trazar una vuelta a casa bastante accidentada.

Damos rápido con la línea de Autobuses que nos llevará a "Victoria Station". Se trata de la companía Terravision ( la misma que nos recogió hace un año en el aeropuerto de Roma). Esta es la opción más asequible para llegar del aeropuerto a Londres ( 30 libras los dos, ida y vuelta), también puedes llegar en tren por unas 60 libras, o coger un taxi por unas 80 ó 90 libras el trayecto.  El bus llega con retraso, hacemos cola en la calle durante casi media hora. Dos chicas de Zaragoza conversan detrás nuestro, una protesta porque tiene ganas de fumar y no le dejan. La fila habla español casi al completo. Me llama la atención un grupo de jubilados ( o eso creo), que hablan muy alto del frío que están pasando en la fila y de cuanto han viajado en el último año. Me gusta que la gente mayor haga cosas, que viajen... a veces la edad es solo una barrera mental que nosotros mismos nos imponemos: "Yo ya no estoy para esos trotes", "Donde voy yo con mi edad",,,, esta vida vas a vivirla solamente una vez, si estás en buenas condiciones y puedes permitírtelo sal ahí fuera y mira que bonito es el mundo¡¡¡

Al fin subimos al Bus. Fuera comienza a llover. Dentro, el conductor es un tipo enorme que apenas cabe en el asiento y se me hace tremendamente extraño verlo ahí, dándole al volante desde el lado derecho. La lluvia acaricia las ventanas y nosotros devoramos los nuggets de pollo y las patatas que hemos cogido antes en el aeropuerto.

El trayecto dura una hora más o menos. Ya estamos en "Victoria Station". Aquí el metro resulta muy caro. Decidimos hacernos con la "Oyster Card"; una tarjeta que nos permite viajar de forma indefinida en metro durante toda la semana. Es la mejor opción ( 31 libras cada uno). Bajamos al metro y tardamos en dar con la línea verde, que además comparte trayecto con la línea amarilla. Estas dos líneas van a darnos verdaderos quebraderos de cabeza durante toda nuestra estancia. La gente en el metro anda a toda velocidad, aquí no puedes parar a consultar el plano en medio de la multitud sin ser arrollado, debes apartarte. Y en las escaleras mecánicas es obligatorio situarse en fila de a uno y siempre bien pegado a la parte derecha, esta norma está escrita en muchas lugares del metro. Las escaleras mecánicas son interminables y aun así hay mucha gente que sube por las estándar para arañarle unos segundos al reloj, a mi personalmente no me compensa subir doscientas escaleras para ganar 20 segundos, pero aquí en el metro de Londres la vida circula a mil kilómetros por hora.




Nuestra estación es "Bayswater", de ahora en adelante nuestro punto de partida en cada unos de los días que estemos aquí.

Tras deambular durante veinte minutos por las calles del barrio de Paddington, al fin damos con nuestro hotel. Su exterior es el típico edificio victoriano tan común en Londres. Al entrar me quedo asombrado con mi oído ya que entiendo prácticamente todo lo que nos dice. Habla muy claro. Nuestra habitación es la 406. Subimos. El ascensor es diminuto y apenas caben dos personas con abrigo. Un metro escaso separa la puerta del ascensor de nuestra habitación. El suelo enmoquetado cruje bajo nuestros pasos. La habitación consta de una cama, una cómoda con un espejo, una silla, una mesilla, un armario empotrado y un baño, todo eso en unos 12 metros cuadrados.

Bajamos en busca de un sitio donde poder cenar. Paddington tiene prácticamente de todo: buena comunicación en cuanto a transporte, restaurantes de todo tipo, un starbucks, tiendas y parece un lugar tranquilo donde hospedarse. Entramos en Nando´s, un lugar donde el pollo tiene una pinta increíble. La camarera es María, una chica que identifica rápidamente nuestra nacionalidad. María llegó a Londres desde Cádiz hace un año por amor. Su chico no encontraba trabajo, ella dejó el suyo y se vinieron para aquí. Al poco tiempo lo dejaron, él volvió a España y ella se quedó aquí a empezar una nueva vida. "Echo de menos España y Cádiz, pero yo tengo aquí mi vida hecha y no quiero volver". María nos habla de los 600 euros que paga por una habitación diminuta y de todo el inglés que ha aprendido en un año: "Yo vine aquí sin saber ni papa de Inglés, pero a base de echarle cara y estar aquí en la barra me voy manejando". Tiene bastante fluidez y parece entender absolutamente todo lo que le dicen, yo me daría con un canto en los dientes por llegar a alcanzar algún día ese nivel ( vamos mejorando poco a poco). María es la primera historia que nos encontramos al llegar aquí. Londres está muy españolizada.

El pollo está cocinado a la brasa y está exquisito. Hay multitud de Nando´s repartidos por toda la ciudad. Es una buena opción y no es caro (partiendo de la base de que aquí es todo caro).

Esperamos a que la lluvia amaine un poco y salimos rumbo al hotel. Buena suerte, María¡¡ Llegamos empapados y buscamos el calor de un radiador que no funciona. Ponemos a cargar el arsenal de cámaras: cámara de fotos, cámara de vídeo de mano, cámara de acción ( SJ 4000 que estrenamos en este viaje), móviles.... y además llevamos una cámara Polaroid... Si, Maku y yo cada vez que viajamos parece que vamos a cubrir la Superbowl.

Ha sido un día muy largo. Necesitamos descansar y coger fuerzas para plantarle cara mañana a la ciudad. GOOD NIGHT ¡¡


martes, 25 de noviembre de 2014

LONDRES.

Mañana comienzan mis vacaciones de invierno. Me despertaré en Zaragoza y nos acostaremos en Londres. Cinco días por delante para disfrutar de esa mágica ciudad.

Estuvimos hace cuatro años en un viaje que fue toda una aventura de principio a fin. Decidimos ir porque Maku tenía un primo que vivía allí y en un primer momento nos íbamos a alojar en su casa, a una semana  de que saliese nuestro avión se nos chafó el alojamiento y tuvimos que buscar a contrarreloj un Hotel bueno, bonito y barato ya que no disponíamos de mucho presupuesto. Aquel Hotel bueno, bonito y barato resultó ser el segundo Hotel más sucio de Europa ( muy barato eso si). En aquella época mi inglés era penoso ( actualmente he ido ganando puestos hasta alcanzar el puesto de "mediocre", pero prometo mejorar) y fue todo como muy improvisado, muy rápido. Para colmo nos estalló el famoso volcán Islandés en las narices y tuvimos que sufrir una auténtica odisea para volver a casa (Podéis recordar aquel viaje aquí).

Esta vez espero no sufrir tantos contratiempos y poder disfrutar de la ciudad con más calma. Por segunda vez. Creo que las ciudades ganan mucho cuando las visitas por segunda vez, me pasó con Barcelona, con Los Ángeles y espero que me ocurra con Londres. Cuando visitas una ciudad por primera vez, tienes ciertas visitas obligadas: La Sagrada familia, el Paseo de la fama, el cambio de Guardía del Buckingham Palace, etc.... las opiniones de aquellos que ya han estado allí y su propia experiencia te obligan a visitar lugares famosos que quizá no tienen tanto encanto para tí. ¿Pero como vas a ir a Barcelona y no visitar la Sagrada familia? No te puedes ir de Londres sin ver el cambio de guardia¡¡ Es obligatorio visitar el Paseo de la fama si vas a Hollywood ¡¡¡¡ Pues bien, cuando realizas el primer viaje y visitas "lo obligado" te quitas ese lastre y si tienes una segunda ocasión de ver la ciudad de nuevo descubres la cara B, y a mi las caras B me han gustado siempre mucho más que las caras A. Ya me ocurría con los casetes ( mis canciones favoritas iban siempre en la cara B). Si, la verdad es que siempre he sido más de Plan B, donde va a parar.

Prometo contarlo a la vuelta.

Mike.



domingo, 23 de noviembre de 2014

COMIENZA UNA NUEVA ERA.


Hoy comienza una nueva era, para mi una nueva era es dar carpetazo al lugar donde has estado volcando tus emociones durante cinco años, con mayor o menor continuidad pero cinco años al fin y al cabo.

Cuando aquel diciembre de 2009 decidí abrir "Mi vida en tu ventana", mi vida se parecía muy poco a la vida que tengo ahora. Las cosas han cambiado. Abrí muy alegremente el Blog sin ser consciente de que  mi nombre real quedó ligado a él para siempre, es decir, si tu hoy tecleas mi nombre en Google, aparece directamente mi blog porque lo creé sin ningún pseudónimo pensando que mi humilde vida laboral iba a seguir como entonces hasta el fin de los tiempos. Las mareas del paso del tiempo han decidido que mi vida laboral se dé de bruces con una multinacional donde realizo labores comerciales. Quien me iba a decir a mi que iba a terminar encerrado en el traje de un hombre de negocios. Los hombres de negocios llevan tarjetas y en esas tarjetas aparece mi nombre y por lo tanto ( no me ha ocurrido todavía), si a alguien le da por teclearme en Google se dará de lleno con mi blog y con una parte de mi vida que no me apetece hacer tan pública, esta es la verdadera razón de cerrar el Blog anterior y comenzar de cero. Trato de dar esquinazo.

Me siento como una especie de fugitivo huyendo de su pasado. Si, la sensación es similar. Sé que puedo perder un montón de gente por el camino. Sé que aunque cierre el Blog anterior seguiré en los motores de búsqueda de Google por un tiempo. Sé que es duro comenzar absolutamente de cero.... pero yo no busco que mi blog se convierta en el más popular, ni tampoco deseo una legión de fans. Me conformo con seguir mi "Blog terapia".... y si por el camino consigo que a alguien se le caiga aunque sea media sonrisa, yo el hombre más féliz¡¡

Pónganse cómodos. He vuelto.